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viernes, 6 de noviembre de 2026

En procedimientos de responsabilidad patrimonial por omisión de información previa y adecuada sobre riesgos inherentes a una intervención quirúrgica de vasectomía, la pareja estable del paciente tiene legitimación activa para reclamar indemnización por el daño moral autónomo e individualizado sufrido.

 

La sentencia de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo, sec. 5ª, de 21 de octubre de 2026, nº 1174/2026, rec. 8395/2024, declara que la pareja estable del paciente tiene legitimación activa para reclamar una indemnización por un daño propio. Es evidente que resulta afectada la autodeterminación reproductiva no sólo del paciente, sino también de la mujer, y su derecho a decidir sobre una futura maternidad. El servicio público sanitario, al no informar al paciente de los riesgos de la intervención, ha causado también un daño a su pareja.

En procedimientos de responsabilidad patrimonial por omisión de información previa y adecuada sobre riesgos inherentes a una intervención quirúrgica de vasectomía, la pareja estable del paciente tiene legitimación activa para reclamar indemnización por el daño moral autónomo e individualizado sufrido, derivado de la frustración de su capacidad de planificación reproductiva y autodeterminación personal, incluso cuando el derecho al consentimiento informado sea exclusividad del paciente.

El paciente, sometido a una vasectomía en el Hospital Universitario Severo Ochoa, no recibió información adecuada sobre el riesgo de recanalización de los conductos deferentes, lo que ocasionó el fracaso del procedimiento y embarazo posterior de su pareja estable. La reclamación inicial por responsabilidad patrimonial fue parcialmente reconocida para el paciente, pero se desestimó para su pareja por falta de legitimación activa.

El debate jurídico central fue si la pareja puede ejercer acción indemnizatoria por daño propio derivado de la omisión de información, más allá del carácter personalísimo del derecho al consentimiento informado.

Derecho a una indemnización de 35.000 euros parar cada uno de los miembros de la pareja, según el TS, por embarazo posterior a vasectomía por daño moral.

El Tribunal reconoce que, aunque el derecho al consentimiento informado corresponde exclusivamente al paciente, la pareja estable del mismo sufre un daño moral propio e individualizado por la omisión de la debida información asistencial previa, que afecta su capacidad de autodeterminación reproductiva y planificación familiar. Se establece así una legitimación activa diferenciada para la pareja para reclamar indemnización. También se revisa la cuantía indemnizatoria confirmando que la suma asignada inicialmente fue insuficiente según criterios jurisprudenciales previos, por lo que se fija una indemnización de 35.000 euros para cada uno. La sentencia casa y anula la resolución de instancia en lo referente a la legitimación de la pareja y a la cuantía de la indemnización, modificando así el criterio precedente.

El fallo estima el recurso en sus términos, sin imposición de costas, y fija doctrina jurídica sobre la extensión de legitimación activa y la naturaleza del daño indemnizable en este tipo de casos.

La sentencia reconoce expresamente la posibilidad de la legitimación activa para la pareja del paciente en supuestos de omisión de información médica relevante que afecta su propia esfera de derechos, diferenciando la titularidad del derecho al consentimiento informado y el daño moral autónomo de la pareja. Además, concreta la configuración del daño moral indemnizable en casos de embarazo no deseado tras intervención quirúrgica fallida, destacando la protección de la autodeterminación reproductiva más allá del paciente directamente intervenido.

A) Introducción.

1º) Una persona fue sometida a una vasectomía realizada por el Servicio Madrileño de Salud en un hospital público, sin recibir información adecuada acerca del riesgo de fracaso de la intervención por recanalización de los conductos deferentes, lo que derivó en un embarazo posterior de su pareja.

¿Puede reconocerse legitimación activa a la pareja estable del paciente sometido a vasectomía para reclamar responsabilidad patrimonial derivada de la omisión de información asistencial previa sobre los riesgos de la intervención, y en su caso, corresponderle indemnización por el daño sufrido?.

Sí, la pareja estable del paciente ostenta legitimación activa para reclamar indemnización por un daño propio y autónomo, vinculado a la frustración de su capacidad de planificación reproductiva y autodeterminación personal, estableciéndose una doctrina nueva que reconoce esta legitimación y derecho indemnizatorio.

El derecho al consentimiento informado es personalísimo y corresponde exclusivamente al paciente, según la Ley 41/2002 y la jurisprudencia constitucional; no obstante, el Tribunal Supremo reconoce que la pareja puede sufrir un daño moral autónomo e indemnizable ocasionado por la omisión de información al paciente, en tanto afecta a la propia planificación reproductiva y autodeterminación moral, conforme al artículo 32 de la Ley 40/2015 y los derechos fundamentales a la integridad física y dignidad humana consagrados en los artículos 15, 10.1 y 14 CE, así como la doctrina constitucional establecida en diversas sentencias y el interés casacional formado en este recurso.

2º) La sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo (Sección Quinta) del Tribunal Supremo nº 1174/2026 resuelve el debate jurídico central sobre la falta de información asistencial en el Hospital Universitario Severo Ochoa.

Los Fundamentos del Fallo Judicial:

- Legitimación activa de la pareja: El Alto Tribunal establece que la pareja estable tiene derecho a reclamar responsabilidad patrimonial a la Administración sanitaria por las consecuencias de una vasectomía fallida, siempre que exista una omisión de información sobre el riesgo de recanalización espontánea de los conductos deferentes.

- Autonomía del daño moral: Aunque el derecho al consentimiento informado es un derecho personalísimo que corresponde en exclusiva al paciente, la omisión de dicha información médica frustra de manera directa la capacidad de planificación reproductiva y la autodeterminación personal de ambos miembros de la pareja.

- Vulneración del proyecto familiar: La ausencia de advertencias impidió al matrimonio adoptar decisiones plenamente informadas, tales como recurrir a métodos anticonceptivos alternativos, lo que derivó en un embarazo no planificado y en un perjuicio moral individualizado para la mujer.

- Criterio de limitación: La doctrina del Consejo General del Poder Judicial aclara que esto no abre la puerta a que cualquier familiar reclame de forma genérica; es indispensable demostrar un perjuicio directo, acreditado y estrictamente vinculado a la autonomía reproductiva compartida.

B) Objeto del recurso.

Se dirige el presente recurso de casación contra la sentencia núm. 574/2024, de 16 de julio de 2024, dictada por la sección décima de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid en el procedimiento ordinario núm. 649/2022.

El recurso se interpuso por la representación procesal de Dª. Marina y D. Agapito frente a la desestimación presunta del Servicio Madrileño de Salud de su reclamación de responsabilidad patrimonial, formulada por los perjuicios derivados de la asistencia médica prestada a D. Agapito en el Hospital Universitario Severo Ochoa. Concretamente, alegaban que le había sido realizada una vasectomía y que, con posterioridad, Dª Marina quedó embarazada, sin que hubieran sido informados de los riesgos generales ni de los personalizados de dicha intervención. Cuantificaban los perjuicios en 70.000 euros, que reclamaban.

El recurso contencioso-administrativo fue ampliado a la Orden de 27 de abril de 2023 del Consejero de Sanidad, por la que se estimó en parte la reclamación de responsabilidad patrimonial formulada por D. Agapito, reconociéndole una indemnización de 6.000 euros, y se desestimó la de Dª. Marina por falta de legitimación activa. Se argumentaba, en síntesis, que no se había facilitado la debida información al paciente sobre la posible complicación del fracaso de la esterilización por recanalización de los conductos deferentes y el consecuente riesgo de embarazo, pero se consideraba que el derecho a la información era de carácter personalísimo y por ello no cabía indemnizar a la esposa, sin que tampoco se pueda entender el nacimiento de un hijo como un daño susceptible de indemnización.

La sala territorial confirma este extremo de la resolución en su fundamento jurídico noveno:

«NOVENO. - [...] El daño moral, atendidas las circunstancias del caso, ha sido determinado por la resolución administrativa recurrida, en la cantidad de 6.000 €, en favor diente (sic), don Agapito habida cuenta de que ha sido al paciente a quien se le ha lesionado en su derecho a ser informado de manera clara de los riesgos de la intervención quirúrgica. Rechaza la administración demandada, así como su compañía aseguradora, que proceda reconocer a doña Marina un derecho a ser indemnizada por tal concepto al encontramos ante un derecho de carácter personalísimo para cuya reclamación los familiares del paciente carecen de la necesaria legitimación.

Recordábamos más arriba que la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, regula con carácter básico la autonomía del paciente y los derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, y en ella se recogen la dignidad de la persona humana; el respeto a la autonomía de su voluntad; el derecho del paciente a recibir una información adecuada antes de prestar el previo consentimiento a toda actuación en el ámbito de la sanidad; el derecho a decidir libremente, después de recibir la información adecuada, entre las opciones clínicas disponibles; y la obligación de todo profesional que intervenga en la actividad asistencial de cumplir los deberes de información y de documentación clínica, y de respetar las decisiones adoptadas libre y voluntariamente por el paciente.

Numerosos preceptos de la citada ley vinculan dicho derecho, así como su eventual lesión, al derecho del paciente a conocer, con motivo de cualquier actuación en el ámbito de su salud, toda la información disponible sobre la misma, y su derecho a que se respete su voluntad de no ser informada. Esto es, se trata de un derecho directamente vinculado con el paciente, que es quien deberá prestar su consentimiento, una vez que se ha informado de manera comprensible, cierta, y eficaz, que la técnica, del procedimiento, de las posibilidades de éxito, de sus riesgos, etc., correspondiendo al médico responsable del paciente el cumplimiento de su derecho a la información.

En el presente caso el paciente se encontraba en pleno ejercicio de sus derechos fundamentales en el momento en el que se sometió a la cirugía por él solicitada de vasectomía . La información que debió de haber sido facilitada en aquel momento, debió de haber sido facilitada al paciente, información que de conformidad con lo establecido en el artículo 4 de la citada ley deberá ser verdadera y comunicada al paciente de forma comprensible y adecuada a sus necesidades, para que le ayude a tomar decisiones de acuerdo con su propia y libre voluntad.

El artículo 5 de la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, identifica en todo momento al paciente como el titular del derecho a la información, reconociendo, no obstante, un derecho a la información a otras personas vinculadas al paciente, por razones familiares o de hecho, en la medida que el paciente lo permita de manera expresa o tácita. Únicamente en el caso de que el paciente carezca de la capacidad necesaria para entender la información a causa de su estado psíquico o físico, se traslada dicho derecho a la información a las personas vinculadas al paciente por razones familiares o de hecho.

En el caso que analizamos no concurría ninguna de las circunstancias a las que se refiere el citado artículo habida cuenta de que el paciente se encontraba en pleno ejercicio de sus derechos fundamentales en el momento en el que le fue realizada la vasectomía , y consintió su realización, aun cuando desconociera los riesgos posibles derivados de la misma.

Es por ello por lo que entendemos que la estimación de la demanda no puede ser total en los términos planteados por los actores, esto es, reconociendo el derecho de ambos a ser indemnizados por el daño moral que significa no haber sido informados convenientemente de los riesgos derivados de la vasectomía , pues pudiendo el paciente ejercer, como es el caso, su derecho a ser indemnizado por el daño moral sufrido entendemos que no cabe reconocer legitimación para reclamar a su esposa, doña Marina".

Despejada esta cuestión, entra la Sala de Madrid a resolver sobre la cuantía de la indemnización que se reconoce a D. Agapito, fijándola, en razón de las circunstancias que estima concurrentes, en 12.000 euros.

C) Derecho a la información asistencial en caso de una vasectomía.

La cuestión que se plantea en el auto de admisión se centra en la legitimación activa de la mujer en un procedimiento de responsabilidad patrimonial en el supuesto de un daño moral a su pareja por la realización de una vasectomía con omisión del preceptivo consentimiento informado, y, posteriormente, haberse producido una recanalización de los conductos deferentes, y, como consecuencia de ello, el fracaso de la esterilización y el embarazo de la mujer. Esta posibilidad de fracaso de la intervención por la indicada causa era desconocida por el paciente, al no habérsele ofrecido la información asistencial previa a la cirugía.

Es de aplicación, por tanto, la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.

En su artículo 2 establece los principios básicos en esta materia:

«1. La dignidad de la persona humana, el respeto a la autonomía de su voluntad y a su intimidad orientarán toda la actividad encaminada a obtener, utilizar, archivar, custodiar y transmitir la información y la documentación clínica.

2. Toda actuación en el ámbito de la sanidad requiere, con carácter general, el previo consentimiento de los pacientes o usuarios. El consentimiento, que debe obtenerse después de que el paciente reciba una información adecuada, se hará por escrito en los supuestos previstos en la Ley.

3. El paciente o usuario tiene derecho a decidir libremente, después de recibir la información adecuada, entre las opciones clínicas disponibles.

4. Todo paciente o usuario tiene derecho a negarse al tratamiento, excepto en los casos determinados en la Ley. Su negativa al tratamiento constará por escrito.

5. Los pacientes o usuarios tienen el deber de facilitar los datos sobre su estado físico o sobre su salud de manera leal y verdadera, así como el de colaborar en su obtención, especialmente cuando sean necesarios por razones de interés público o con motivo de la asistencia sanitaria.

6. Todo profesional que interviene en la actividad asistencial está obligado no sólo a la correcta prestación de sus técnicas, sino al cumplimiento de los deberes de información y de documentación clínica, y al respeto de las decisiones adoptadas libre y voluntariamente por el paciente.

7. La persona que elabore o tenga acceso a la información y la documentación clínica está obligada a guardar la reserva debida».

El artículo 4 regula el derecho a la información asistencial:

«1. Los pacientes tienen derecho a conocer, con motivo de cualquier actuación en el ámbito de su salud, toda la información disponible sobre la misma, salvando los supuestos exceptuados por la Ley. Además, toda persona tiene derecho a que se respete su voluntad de no ser informada. La información, que como regla general se proporcionará verbalmente dejando constancia en la historia clínica, comprende, como mínimo, la finalidad y la naturaleza de cada intervención, sus riesgos y sus consecuencias.

2. La información clínica forma parte de todas las actuaciones asistenciales, será verdadera, se comunicará al paciente de forma comprensible y adecuada a sus necesidades y le ayudará a tomar decisiones de acuerdo con su propia y libre voluntad.

3. El médico responsable del paciente le garantiza el cumplimiento de su derecho a la información. Los profesionales que le atiendan durante el proceso asistencial o le apliquen una técnica o un procedimiento concreto también serán responsables de informarle».

Y el artículo 5 establece quien es el titular de ese derecho a la información asistencial:

1. El titular del derecho a la información es el paciente. También serán informadas las personas vinculadas a él, por razones familiares o de hecho, en la medida que el paciente lo permita de manera expresa o tácita.

2. El paciente será informado, incluso en caso de incapacidad, de modo adecuado a sus posibilidades de comprensión, cumpliendo con el deber de informar también a su representante legal.

3. Cuando el paciente, según el criterio del médico que le asiste, carezca de capacidad para entender la información a causa de su estado físico o psíquico, la información se pondrá en conocimiento de las personas vinculadas a él por razones familiares o de hecho.

4. El derecho a la información sanitaria de los pacientes puede limitarse por la existencia acreditada de un estado de necesidad terapéutica. Se entenderá por necesidad terapéutica la facultad del médico para actuar profesionalmente sin informar antes al paciente, cuando por razones objetivas el conocimiento de su propia situación pueda perjudicar su salud de manera grave. Llegado este caso, el médico dejará constancia razonada de las circunstancias en la historia clínica y comunicará su decisión a las personas vinculadas al paciente por razones familiares o de hecho».

De acuerdo con esta norma el único titular del derecho a la información en una cirugía de vasectomía es el varón a quien se le va a realizar; sin perjuicio de que también se pudiera proporcionar a su pareja, de acuerdo con el artículo 5.1 de la Ley 41/2002, si el paciente lo permite de manera expresa o tácita. Se trata, en todo caso, y como razona la sentencia recurrida, de un derecho personalísimo, como tiene declarado el Tribunal Constitucional. Así, en STC 37/2011, de 28 de marzo de 2011, Rec. 3574/2008, entre otras, se examina este derecho a la información, y si su omisión supone la vulneración de un derecho fundamental:

«[...] El derecho del art. 15 CE protege, según doctrina reiterada de este Tribunal (recopilada, entre otras, en las SSTC 220/2005, de 12 de septiembre, FJ 4, y 160/2007, de 2 de julio, FJ 2), «la inviolabilidad de la persona, no sólo contra ataques dirigidos a lesionar su cuerpo o espíritu, sino también contra toda clase de intervención en esos bienes que carezca del consentimiento de su titular» (SSTC 120/1990, de 27 de junio, FJ 8, y 119/2001, de 24 de mayo , FJ 5). Estos derechos, destinados a proteger la «incolumidad corporal» (STC 207/1996, de 16 de diciembre , FJ 2), «han adquirido también una dimensión positiva en relación con el libre desarrollo de la personalidad», orientada a su plena efectividad, razón por la que «se hace imprescindible asegurar su protección no sólo frente a las injerencias ya mencionadas, sino también frente a los riesgos que puedan surgir en una sociedad tecnológicamente avanzada» (STC 119/2001, de 24 de mayo , FJ 5). De ahí que para poder apreciar la vulneración del art. 15 CE  no sea preciso que la lesión de la integridad se haya consumado, sino que basta con que exista un riesgo relevante de que la lesión pueda llegar a producirse (STC 221/2002, de 25 de noviembre , FJ 4). Además de ello, hemos afirmado que el derecho a que no se dañe o perjudique la salud personal queda también comprendido en el derecho a la integridad personal (STC 35/1996, de 11 de marzo, FJ 3), aunque no todo supuesto de riesgo o daño para la salud implique una vulneración del derecho fundamental, sino tan sólo aquél que genere un peligro grave y cierto para la misma (SSTC 119/2001, de 24 de mayo, FJ 6, y 5/2002, de 14 de enero, FJ 4).

Este derecho fundamental conlleva una facultad negativa, que implica la imposición de un deber de abstención de actuaciones médicas salvo que se encuentren constitucionalmente justificadas, y, asimismo, una facultad de oposición a la asistencia médica, en ejercicio de un derecho de autodeterminación que tiene por objeto el propio sustrato corporal, como distinto del derecho a la salud o a la vida ( STC 154/2002, de 18 de julio , FJ 9). Por esa razón, hemos afirmado que el derecho a la integridad física y moral resultará afectado cuando se imponga a una persona asistencia médica en contra de su voluntad, que puede venir determinada por los más variados móviles y no sólo por el de morir y, por consiguiente, esa asistencia médica coactiva constituirá limitación vulneradora del derecho fundamental a la integridad física, a no ser que, como hemos señalado, tenga una justificación constitucional (SSTC 120/1990, de 27 de junio, FJ 8, y 137/1990, de 19 de julio , FJ 6).

[...]

4.- El art. 15 CE no contiene una referencia expresa al consentimiento informado, lo que no implica que este instituto quede al margen de la previsión constitucional de protección de la integridad física y moral. Con carácter general declaramos en las SSTC 212/1996, de 19 de diciembre, FJ 3, y 116/1999, de 17 de junio, FJ 5, que «los preceptos constitucionales relativos a los derechos fundamentales y libertades públicas pueden no agotar su contenido en el reconocimiento de los mismos, sino que, más allá de ello, pueden contener exigencias dirigidas al legislador en su labor de continua configuración del ordenamiento jurídico, ya sea en forma de las llamadas garantías institucionales, ya sea en forma de principios rectores de contornos más amplios, ya sea, como enseguida veremos, en forma de bienes jurídicos constitucionalmente protegidos». Asimismo, es preciso recordar que «de la obligación del sometimiento de todos los poderes públicos a la Constitución no solamente se deduce la obligación negativa del Estado de no lesionar la esfera individual o institucional protegida por los derechos fundamentales, sino t«[...] El derecho del art. 15 CE protege, según doctrina reiterada de este Tribunal (recopilada, entre otras, en las SSTC 220/2005, de 12 de septiembre, FJ 4, y 160/2007, de 2 de julio , FJ 2), «la inviolabilidad de la persona, no sólo contra ataques dirigidos a lesionar su cuerpo o espíritu, sino también contra toda clase de intervención en esos bienes que carezca del consentimiento de su titular» ( SSTC 120/1990, de 27 de junio, FJ 8, y 119/2001, de 24 de mayo , FJ 5). Estos derechos, destinados a proteger la «incolumidad corporal» (STC 207/1996, de 16 de diciembre , FJ 2), «han adquirido también una dimensión positiva en relación con el libre desarrollo de la personalidad», orientada a su plena efectividad, razón por la que «se hace imprescindible asegurar su protección no sólo frente a las injerencias ya mencionadas, sino también frente a los riesgos que puedan surgir en una sociedad tecnológicamente avanzada» (STC 119/2001, de 24 de mayo , FJ 5). De ahí que para poder apreciar la vulneración del art. 15 CE no sea preciso que la lesión de la integridad se haya consumado, sino que basta con que exista un riesgo relevante de que la lesión pueda llegar a producirse (STC 221/2002, de 25 de noviembre, FJ 4). Además de ello, hemos afirmado que el derecho a que no se dañe o perjudique la salud personal queda también comprendido en el derecho a la integridad personal (STC 35/1996, de 11 de marzo , FJ 3), aunque no todo supuesto de riesgo o daño para la salud implique una vulneración del derecho fundamental, sino tan sólo aquél que genere un peligro grave y cierto para la misma (SSTC 119/2001, de 24 de mayo, FJ 6, y 5/2002, de 14 de enero, FJ 4 ).

Este derecho fundamental conlleva una facultad negativa, que implica la imposición de un deber de abstención de actuaciones médicas salvo que se encuentren constitucionalmente justificadas, y, asimismo, una facultad de oposición a la asistencia médica, en ejercicio de un derecho de autodeterminación que tiene por objeto el propio sustrato corporal, como distinto del derecho a la salud o a la vida (STC 154/2002, de 18 de julio, FJ 9). Por esa razón, hemos afirmado que el derecho a la integridad física y moral resultará afectado cuando se imponga a una persona asistencia médica en contra de su voluntad, que puede venir determinada por los más variados móviles y no sólo por el de morir y, por consiguiente, esa asistencia médica coactiva constituirá limitación vulneradora del derecho fundamental a la integridad física, a no ser que, como hemos señalado, tenga una justificación constitucional (SSTC 120/1990, de 27 de junio, FJ 8, y 137/1990, de 19 de julio , FJ 6).También la obligación positiva de contribuir a la eficacia de tales derechos, y de los valores que representan, aun cuando no exista una pretensión subjetiva por parte del ciudadano. Ello obliga especialmente al legislador, quien recibe de los derechos 'los impulsos y líneas directivas', obligación que adquiere especial relevancia allí donde un derecho o valor fundamental quedaría vacío de no establecerse los supuestos para su defensa» (SSTC 53/1985, de 11 de abril, FJ 4, y 129/1989, de 17 de julio , FJ 3).

Evidentemente, las actuaciones médicas llevan implícita una posibilidad de afección a la integridad personal protegida por el art. 15 CE, en la medida en que éste tutela la inviolabilidad de la persona contra toda intervención en su cuerpo, de manera que es preciso arbitrar los mecanismos necesarios para garantizar la efectividad del derecho dentro de ese ámbito, cohonestándolo con la función y finalidad propias de la actividad médica. Y es que, como señalamos en la STC 181/2000, de 29 de junio, FJ 8, la protección constitucional de la vida y de la integridad personal (física y moral) no se reduce al estricto reconocimiento de los derechos subjetivos necesarios para reaccionar jurídicamente frente a las agresiones a ellos inferidas, sino que, además, contiene un mandato de protección suficiente de aquellos bienes de la personalidad, dirigido al legislador y que debe presidir e informar toda su actuación. En lo que aquí interesa, esa garantía de la efectividad del derecho en el ámbito médico implica que cualquier actuación que afecte a la integridad personal, para resultar acorde con dicho derecho, según la delimitación que antes efectuamos del mismo, se ha de encontrar consentida por el sujeto titular del derecho o debe encontrarse constitucionalmente justificada. De ahí que el legislador deba establecer (como en efecto ha hecho, según veremos posteriormente) los mecanismos adecuados para la prestación del consentimiento del sujeto que se ha de ver sometido a una intervención médica, así como los supuestos que, desde una perspectiva constitucional permitirían prescindir del mismo, teniendo siempre presente, de una parte «que sólo ante los límites que la propia Constitución expresamente imponga al definir cada derecho o ante los que de manera mediata o indirecta de la misma se infieran al resultar justificados por la necesidad de preservar otros derechos constitucionalmente protegidos, puedan ceder los derechos fundamentales (SSTC 11/1981, fundamento jurídico 7, 2/1982 , fundamento jurídico 5, 110/1984 , fundamento jurídico 5), y de otra que, en todo caso, las limitaciones que se establezcan no pueden obstruir el derecho 'más allá de lo razonable' (STC 53/1986 , fundamento jurídico 3), de modo que todo acto o resolución que limite derechos fundamentales ha de asegurar que las medidas limitadoras sean 'necesarias para conseguir el fin perseguido' (SSTC 62/1982, fundamento jurídico 5; 13/1985 , fundamento jurídico 2) y ha de atender a la 'proporcionalidad entre el sacrificio del derecho y la situación en que se halla aquel a quien se le impone' (STC 37/1989 , fundamento jurídico 7) y, en todo caso, respetar su [contenido] esencial (SSTC 11/1981 , fundamento jurídico 10, 196/1987, fundamentos jurídicos 4 , 5 y 6 , 197/1987, fundamento jurídico 11), si tal derecho aún puede ejercerse» (STC 120/1990, de 27 de junio, FJ 8).

Para determinar las garantías que, desde la perspectiva del art. 15 CE, se imponen a toda intervención médica que afecte a la integridad corporal del paciente, podemos acudir, por una parte, a los tratados y acuerdos en la materia ratificados por España, por el valor interpretativo de las normas relativas a los derechos fundamentales y libertades públicas que les reconoce el art. 10.2 CE  (por todas, STC 6/2004, de 16 de enero , FJ 2), y, por otra, a la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que también ha de servir de criterio interpretativo en la aplicación de los preceptos constitucionales tuteladores de los derechos fundamentales, de acuerdo con el mismo art. 10.2 CE, según tenemos declarado, entre otras muchas, en las SSTC 303/1993, de 25 de octubre, FJ 8, y 119/2001, de 24 de mayo , FJ 5, para concluir con el examen de la regulación legal encargada de plasmar esas garantías.

[...]

5.- De acuerdo con lo expuesto, podemos avanzar que el consentimiento del paciente a cualquier intervención sobre su persona es algo inherente, entre otros, a su derecho fundamental a la integridad física, a la facultad que éste supone de impedir toda intervención no consentida sobre el propio cuerpo, que no puede verse limitada de manera injustificada como consecuencia de una situación de enfermedad. Se trata de una facultad de autodeterminación que legitima al paciente, en uso de su autonomía de la voluntad, para decidir libremente sobre las medidas terapéuticas y tratamientos que puedan afectar a su integridad, escogiendo entre las distintas posibilidades, consintiendo su práctica o rechazándolas. Ésta es precisamente la manifestación más importante de los derechos fundamentales que pueden resultar afectados por una intervención médica: la de decidir libremente entre consentir el tratamiento o rehusarlo, posibilidad que ha sido admitida por el TEDH, aun cuando pudiera conducir a un resultado fatal (STEDH de 29 de abril de 2002, caso Pretty c. Reino Unido , § 63), y también por este Tribunal (STC 154/2002, de 18 de julio , FJ 9).

Ahora bien, para que esa facultad de consentir, de decidir sobre los actos médicos que afectan al sujeto pueda ejercerse con plena libertad, es imprescindible que el paciente cuente con la información médica adecuada sobre las medidas terapéuticas, pues sólo si dispone de dicha información podrá prestar libremente su consentimiento, eligiendo entre las opciones que se le presenten, o decidir, también con plena libertad, no autorizar los tratamientos o las intervenciones que se le propongan por los facultativos. De esta manera, el consentimiento y la información se manifiestan como dos derechos tan estrechamente imbricados que el ejercicio de uno depende de la previa correcta atención del otro, razón por la cual la privación de información no justificada equivale a la limitación o privación del propio derecho a decidir y consentir la actuación médica, afectando así al derecho a la integridad física del que ese consentimiento es manifestación.

La información previa, que ha dado lugar a lo que se ha venido en llamar consentimiento informado, puede ser considerada, pues, como un procedimiento o mecanismo de garantía para la efectividad del principio de autonomía de la voluntad del paciente y, por tanto, de los preceptos constitucionales que reconocen derechos fundamentales que pueden resultar concernidos por las actuaciones médicas, y, señaladamente, una consecuencia implícita y obligada de la garantía del derecho a la integridad física y moral, alcanzando así una relevancia constitucional que determina que su omisión o defectuosa realización puedan suponer una lesión del propio derecho fundamental.

Es consonante con la relevancia que se ha asignado a la información y al consentimiento previos a la realización de cualquier actuación médica la regulación de estos aspectos que se realiza en nuestro ordenamiento interno, contenida, esencialmente, en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, que actualiza y completa la regulación contenida en la Ley 14/1986, de 25 de abril, general de sanidad, con observancia de las previsiones del Convenio relativo a los derechos humanos y la biomedicina de 4 de abril de 1997, al que ya se ha hecho referencia.

[...]

Ya hemos anticipado que la privación de información equivale a una privación o limitación del derecho a consentir o rechazar una actuación médica determinada, inherente al derecho fundamental a la integridad física y moral. En este sentido, es terminante la Ley 41/2002 (a la que las resoluciones judiciales sólo contienen alguna mención puramente marginal) al exigir en su art. 8 (que es trasunto del art. 5 del Convenio relativo a los derechos humanos y la biomedicina) el previo consentimiento del afectado, libre y voluntario, para toda actuación en el ámbito de su salud, «una vez que, recibida la información prevista en el art. 4, haya valorado las opciones propias del caso». Y el art. 4 recoge en los términos más amplios el derecho de los pacientes a conocer «toda la información disponible» sobre cualquier actuación en el ámbito de su salud, «salvando los supuestos exceptuados por la Ley». El precepto pone de relieve que las excepciones no son indeterminadas ni de consideración extensiva, permitiéndose la limitación del derecho únicamente en casos de carencia de capacidad del paciente para entender la información o por la existencia acreditada de un estado de necesidad terapéutica («cuando por razones objetivas el conocimiento de su propia situación pueda perjudicar su salud de manera grave»), supuestos en los que es preciso comunicarlo a las personas vinculadas al paciente (art. 5.3 y 4).

Del mismo modo, los supuestos en los que se pueda exceptuar la necesidad del previo consentimiento informado son también excepcionales, y así lo ha plasmado el legislador, que permite a los facultativos prescindir del mismo para llevar a cabo las intervenciones clínicas indispensables a favor de la salud del paciente tan sólo en los casos de riesgo para la salud pública, y »cuando existe riesgo inmediato y grave para la integridad física o psíquica del enfermo y no es posible conseguir su autorización». Aún más, en este último supuesto, si las circunstancias lo permiten, se debe consultar a los familiares o personas vinculadas de hecho al paciente ( art. 9.2 de la Ley 41/2002 y art. 8 del Convenio relativo a los derechos humanos y la biomedicina).

En definitiva, la regulación legal -que obedece a las exigencias constitucionales- implica, de acuerdo con el contenido propio del derecho fundamental, que, en principio, cada intervención médica debe estar autorizada por el previo consentimiento del paciente que, a su vez, se ha de encontrar precedido de la correspondiente información sobre el procedimiento a aplicar.

[...]

En todas estas normas, sin embargo, no se plasman únicamente un conjunto de derechos para el paciente, unido a los correlativos deberes de los facultativos que permitan hacerlos efectivos, sino que, básicamente, reflejan una doble garantía para aquél y éstos: de un lado, la que permite hacer efectivo el derecho fundamental a la integridad física del paciente respecto de las actuaciones médicas que se le efectúen; de otro, la regulación descrita ofrece a los facultativos la garantía de que sus actuaciones se desarrollarán dentro de los límites que impone la protección de aquel derecho. Así pues, desde la perspectiva de los facultativos esta regulación no se limita a imponerles un conjunto de deberes, sino que, también, desde una vertiente positiva, les proporciona una garantía de su propia actuación profesional.

[...]

En definitiva, se puede afirmar que la asistencia recibida por el demandante de amparo no satisfizo su derecho a prestar un consentimiento debidamente informado, y, por tanto, vulneró su derecho fundamental a la integridad física (art. 15 CE)».

No admite dudas, por tanto, que el paciente que se sometió a una vasectomía - que luego fracasó en su finalidad de esterilización-, y no fue informado previamente del riesgo de recanalización de los conductos deferentes, sufrió un daño moral que debe ser indemnizado.

No obstante, la vasectomía es una intervención dirigida a lograr la esterilización del varón y en el caso de una pareja estable es una decisión adoptada en el ámbito de la planificación familiar, optando por un método anticonceptivo de carácter, en principio, permanente e irreversible. Las consecuencias del fracaso de la intervención, es decir, el posterior embarazo y nacimiento de un hijo, afectan por igual a ambos miembros de la pareja.

Partiendo de lo anterior, y de la exclusiva titularidad del paciente del derecho a la información previa y asistencial a la cirugía, y de que la omisión de esa información sólo al paciente causa un daño moral -de carácter personalísimo-, la cuestión que se nos plantea es si la mujer puede reclamar por responsabilidad patrimonial de la Administración. Para resolverla no podemos desconocer lo ya indicado, es decir, que las consecuencias de la falta de esterilización en el varón se producen también para la mujer. Así, al paciente sometido a la vasectomía el perjuicio se concreta en el daño moral personalísimo, por vulneración de un derecho fundamental, pero para su pareja surge un daño propio y autónomo, que es también de carácter moral, pues la falta de información le priva de su facultad de autodeterminación en relación con la planificación familiar.

A partir de la intervención la pareja llevó a cabo esa planificación sin la información suficiente, condicionando la forma de actuar de ambos miembros de la pareja, que por ello no pudieron tomar decisiones en ese ámbito con libertad y con conocimiento de los riesgos de un posible embarazo. Es evidente que resulta afectada la autodeterminación reproductiva no sólo del paciente, sino también de la mujer, y su derecho a decidir sobre una futura maternidad, con adopción, en su caso, de otros métodos o medios anticonceptivos para evitar un nuevo embarazo, ante la posibilidad de materializarse el riesgo desconocido por la pareja de una posterior recanalización de los conductores deferentes. El servicio público sanitario, al no informar al paciente de los riesgos de la intervención, ha causado también un daño a su pareja. Este es un daño propio y autónomo, por lo que, de conformidad con el artículo 32.1. de la Ley 40/2015  tiene derecho a ser indemnizada.

D) Teniendo en cuenta todo lo expuesto, procede responder a la cuestión de interés casacional en los términos siguientes:

« "En los supuestos de omisión de información relevante sobre el riesgo de fracaso de una intervención de vasectomía , la pareja estable del paciente ostenta legitimación activa para reclamar responsabilidad patrimonial por haber sufrido un perjuicio propio vinculado a la frustración de su capacidad de planificación reproductiva y autodeterminación personal como consecuencia directa del funcionamiento anormal del servicio sanitario. Tal legitimación no deriva de una titularidad compartida del derecho al consentimiento informado, que corresponde exclusivamente al paciente, sino de la existencia de un daño autónomo e individualizado padecido por quien resultó afectada por las consecuencias de dicha omisión informativa."»

E) Resolución del presente recurso.

El recurso se interpuso por la representación procesal de Dª. Marina y D. Agapito frente a la desestimación presunta del Servicio Madrileño de Salud de la reclamación de responsabilidad patrimonial formulada por los perjuicios derivados de la asistencia médica prestada a D. Agapito en el Hospital Universitario Severo Ochoa. Concretamente, alegaban que le había sido realizada una vasectomía y que, con posterioridad, Dª Marina quedó embarazada, sin que hubieran sido informados de los riesgos generales ni de los personalizados de dicha intervención. Cuantificaban los perjuicios en 70.000 euros, que reclamaban.

El recurso contencioso-administrativo fue ampliado a la Orden de 27 de abril de 2023 del Consejero de Sanidad, por la que se estimó en parte la reclamación de responsabilidad patrimonial formulada por D. Agapito, reconociéndole una indemnización de 6.000 euros y se desestimó la de Dª. Marina por falta de legitimación activa. Se argumentaba, en síntesis, que no se había facilitado la debida información al paciente sobre la posible complicación del fracaso de la esterilización por recanalización de los conductos deferentes y el consecuente riesgo de embarazo, pero se consideraba que el derecho a la información era de carácter personalísimo, y por ello no cabía indemnizar a la esposa, sin que tampoco se pudiera entender el nacimiento de un hijo como un daño susceptible de indemnización.

La sentencia núm. 574/2024, de 16 de julio de 2024, dictada por la sección décima de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid en el procedimiento ordinario núm. 649/2022, confirma este extremo de la resolución recurrida, y estima en parte el recurso en el único sentido de fijar la indemnización a D. Agapito en 12.0000 euros.

La conclusión a la que llega la Sala de instancia no es, de acuerdo con lo antes razonado, conforme a derecho, por lo que procede casar la sentencia de instancia en lo que se refiere a la legitimación de Dª. Marina para reclamar.

F) Importe de la indemnización.

Respecto a la indemnización, la parte recurrente discrepa de su cuantificación y alega que se hizo por la Sala de instancia, según argumenta, en atención a las circunstancias concurrentes. Ahora bien, no se expresan esas circunstancias, ni, por tanto, las razones por las que se fija prudencialmente en 12.000 euros.

La parte recurrente invocó ante la Sala de instancia distintas sentencias de esta Sala Tercera, y de la propia Sala de Madrid, en las que se reconoce un importe mayor en casos coincidentes con el presente.

Así, en sentencia de esta Sala Tercera, Sección Sexta, de 23 de febrero de 2005, Rec. 145/2004, se examina el supuesto de falta de información a una paciente de los riesgos de una ligadura de trompas, siendo uno de ellos la posibilidad de un embarazo posterior. Se razona en la sentencia, respecto a la indemnización que la paciente debe ser indemnizada «[...] por el quebranto que pueda conllevar el cuidado y sustento de un hijo no deseado; difícilmente cuantificable en el aspecto económico, ya que los perjuicios o costos derivados del nacimiento del niño serán distintos según la situación familiar, el status patrimonial y laboral de cada familia e inversamente proporcional a su capacidad económica; por lo que en el presente caso, en atención a los ingresos que percibía el marido de la recurrente y el número de hijos, prudentemente la cuantificamos en 14.000.000 pesetas --84.141,69 euros--, cantidad que deberá actualizarse a la fecha de la presente sentencia con el fin de conseguir una completa indemnidad de los perjuicios sufridos y ello sin perjuicio de la aplicación del artículo 106, número 2, de la Ley Jurisdiccional».

En STS, sección sexta, de 9 de mayo de 2005, Rec. 3546/2001, en un supuesto igualmente de falta de consentimiento en una ligadura de trompas, se argumenta que «[...] atendiendo todas las circunstancias concurrentes y los daños morales sufridos por la recurrente, derivados del embarazo no deseado y de la situación de angustia [que] incide durante el mismo, parece ponderado otorgar la cantidad de 60.000 euros en concepto de responsabilidad patrimonial, cantidad que se establece con referencia al día en que se formula reclamación en vía administrativa», si bien en ese caso la cuantificación del daño moral tiene en cuenta no sólo la propia falta de información, sino también la situación de angustia de la paciente durante el embarazo por otras dolencias que sufría y que temía pudieran verse agravadas por el nuevo embarazo.

Y en STS de 19 de mayo de 2015, Rec. 4397/2010, en un supuesto de incorrecta colocación de un dispositivo intrauterino, y posterior embarazo no deseado, se fija la indemnización en cuantía de 80.000 euros por daño moral. En este caso lo que se indemniza es la lesión de la facultad de autodeterminación que el inadecuado acto médico provocó, que es también el daño indemnizable en caso de vulneración de la autonomía de la voluntad por falta de información. Se recuerda en esta sentencia el reiterado criterio jurisprudencial sobre el daño moral en embarazos no deseados:

« Esta Sala ha declarado en ocasiones anteriores (sentencia de la Sección Sexta de 4 de noviembre de 2008, dictada en el recurso de casación núm. 4936/2004) que el nacimiento de un hijo no puede considerarse un daño, "pues no cabe en el ordenamiento español lo que, en terminología inglesa, se denomina wrongful birth", ya que "no hay nacimientos equivocados o lesivos, pues el artículo 15 de la Constitución implica que toda vida humana es digna de ser vivida". Por eso mismo, en la indicada sentencia se descarta expresamente que los gastos derivados de la crianza de los hijos constituyan, en principio, un daño, ya que son inherentes a un elemental deber que pesa sobre los padres y, desde luego, no enervan esa obligación legal.

Ahora bien, estos principios deben matizarse en los casos en los que el nacimiento se produce como consecuencia de un embarazo que la madre habría querido evitar y que no pudo hacerlo como consecuencia del funcionamiento anormal de los servicios sanitarios. En estos supuestos, la doctrina básica la encontramos en la sentencia de esta Sala de 28 de septiembre de 2000, reiterada después en pronunciamientos posteriores, en cuyo fundamento de derecho quinto se afirma lo siguiente:

"Alega el recurrente que la paternidad inesperada le supone un daño moral, que relaciona, entre otras circunstancias, con la situación de inquietud e incertidumbre que ha padecido, así como un daño emergente derivado de los gastos realizados y un lucro cesante relacionado con los gastos necesarios para el mantenimiento de su hija.

Esta Sala ha considerado que el concepto de daño evaluable a efectos de determinar la responsabilidad patrimonial de la Administración incluye el daño moral. Sin embargo, por tal no podemos entender una mera situación de malestar o incertidumbre -ciertamente presumible cuando de una operación de vasectomía con resultado inesperado de embarazo se trata-, salvo cuando la misma ha tenido una repercusión psicofísica grave. Tampoco puede considerarse como daño moral el derivado del nacimiento inesperado de un hijo, pues nada más lejos del daño moral, en el sentido ordinario de las relaciones humanas, que las consecuencias derivadas de la paternidad o maternidad.

Sin embargo, sí podría existir un daño moral, si concurriesen los requisitos necesarios, en el caso de que se hubiese lesionado el poder de la persona de autodeterminarse, lo que a su vez podría constituir una lesión de la dignidad de la misma. Esta dignidad es un valor jurídicamente protegido, pues, como dice el Tribunal Constitucional en la sentencia 53/1985, de 11 de abril, «nuestra Constitución ha elevado también a valor jurídico fundamental la dignidad de la persona, que, sin perjuicio de los derechos que le son inherentes, se halla íntimamente vinculada con el libre desarrollo de la personalidad (artículo 10) [...]». En efecto, como añade el Tribunal Constitucional, «la dignidad es un valor espiritual y moral inherente a la persona que se manifiesta singularmente en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida [...]».

No cabe duda de que el embarazo habido ha supuesto haberse sometido a una siempre delicada intervención quirúrgica que ha venido en definitiva a demostrarse como inútil y, por otra parte, la frustración de la decisión sobre la propia paternidad o maternidad y, con ello, ha comportado una restricción de la facultad de autodeterminación derivada del libre desarrollo de la personalidad, al que pertenecen también ciertas decisiones personalísimas en cuanto no afecten al mínimum ético constitucionalmente establecido, como no puede menos de ser en un ordenamiento inspirado en el principio de libertad ideológica ( artículo 16 de la Constitución).

Junto a estos perjuicios, debe tenerse en cuenta la existencia de daño emergente, ligado a los gastos necesarios para la comprobación de la paternidad, que la intervención quirúrgica realizada convierte en incierta. También, sin duda, al lado del daño emergente, existen consecuencias dañosas que podrían encuadrarse en el lucro cesante. Sería, sin embargo, un grave error integrar este concepto resarcitorio con el importe de las cantidades destinadas a la manutención del hijo inesperado, pues ésta constituye para los padres una obligación en el orden de las relaciones familiares impuesta por el ordenamiento jurídico, de tal suerte que el daño padecido no sería antijurídico, por existir para ellos la obligación de soportarlo. Sólo podría existir lucro cesante en el caso de que se probara la existencia de un perjuicio efectivo como consecuencia de la necesidad de desatender ciertos fines ineludibles o muy relevantes mediante la desviación para la atención al embarazo y al parto y a la manutención del hijo de recursos en principio no previstos para dichas finalidades, en tanto no sea previsible una reacomodación de la situación económica o social del interesado o de los interesados".

Trasladando la doctrina expuesta al supuesto ahora analizado, es claro que no resulta propiamente indemnizable el embarazo mismo, pero sí la lesión de la facultad de autodeterminación que el inadecuado acto médico provocó. (...)».

Invocan también los recurrentes la sentencia de la Sala de Madrid, Sección Novena, núm. 346/2008, de 14 de marzo de 2008, Rec. 283/2005, que en un supuesto de vasectomía que devino posteriormente ineficaz, siguiendo la doctrina de esta Sala Tercera, y valorando las circunstancias concurrentes (número de componentes de la unidad familiar y las profesiones y salarios de los recurrentes), fija una indemnización por daño moral de 60.000 euros.

Las cifras anteriores son muy superiores a las reconocidas en el presente caso, en el que, además, son dos las personas que deben ser indemnizadas. Consta también en el expediente que ya son padres de dos hijos, y sus ingresos no son muy elevados, incrementándose los gastos con un nuevo miembro de la familia, por lo que se estima razonable lo reclamado en la demanda, es decir, 70.000 euros.

Procede, en consecuencia, estimar el recurso de casación y anular la sentencia de instancia, y, entrando a conocer de la pretensión indemnizatoria de los recurrentes, se estima y se fija el importe de la indemnización en 35.000 euros para cada uno de ellos.

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lunes, 2 de noviembre de 2026

El incendio de un vehículo asegurado que se encuentra estacionado en un taller y cuya causa no queda suficientemente acreditada como externa al vehículo debe considerarse un hecho de la circulación, imponiendo a la aseguradora del vehículo la responsabilidad de indemnizar los daños-

 

La sentencia de la Audiencia Provincial de AP Murcia, sec. 5ª, de 6 de octubre de 2026, nº 263/2026, rec. 334/2025, declara que el incendio de un vehículo asegurado que se encuentra estacionado en un taller y cuya causa no queda suficientemente acreditada como externa al vehículo debe considerarse un hecho de la circulación, imponiendo a la aseguradora del vehículo la responsabilidad de indemnizar los daños derivados, salvo que pruebe causas excluyentes conforme al artículo 1.1 párrafos 2 y 3 TRLRCSCVM.

El tribunal dio parcialmente la razón al actor, reconociendo su legitimación activa a pesar de no haberse aportado prueba fehaciente formal de titularidad, al considerar la valoración conjunta de la prueba extrajudicial y documental suficiente para acreditar que el vehículo estaba bajo su legítima posesión y uso, y que esta posición no fue cuestionada previamente por las aseguradoras.

Se consideró que el incendio constituía hecho de la circulación, conforme a la doctrina del Tribunal Supremo y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, por lo que la aseguradora del vehículo (AXA) debía responder del siniestro salvo que probara causas excluyentes, las cuales no fueron acreditadas. Se desestimó la responsabilidad de la aseguradora del taller por ausencia de implicación demostrada y la naturaleza del siniestro.

En cuanto a la cuantificación, el tribunal determinó que la indemnización debe basarse en el valor de mercado del vehículo siniestrado en lugar del valor venal, por ser este criterio más ajustado a la restitución íntegra del daño sufrido. Por todo ello, se estimó parcialmente el recurso de apelación, revocando la sentencia de primera instancia en la medida en que rechazaba indemnización contra AXA y se confirmó la desestimación frente a la aseguradora del taller.

El fallo fijó doctrina interpretativa sobre legitimación activa y valoración indemnizatoria en siniestro total.

A) Introducción.

1º) Una persona, titular de una furgoneta asegurada por AXA Seguros Generales SA, reclama indemnización por daños ocasionados en un incendio ocurrido en un taller asegurado por Occidente GCO, SAU, en el que se alojaban dos vehículos, iniciándose el incendio en la furgoneta asegurada por AXA y propagándose a la otra.

¿Son responsables AXA Seguros Generales SA y Occidente GCO, SAU de indemnizar los daños causados por el incendio originado en el vehículo asegurado de AXA durante su estancia en el taller asegurado por Occidente, y cuál es el valor indemnizable adecuado para los daños sufridos?.

Se considera responsable a AXA Seguros Generales SA por el siniestro al tratarse de un hecho de la circulación cubierto por el seguro obligatorio, mientras que se descarta la responsabilidad de Occidente GCO, SAU, aseguradora del taller; además, procede indemnizar al actor por el valor de mercado del vehículo siniestrado y no por el valor venal.

La doctrina del Tribunal Supremo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea establecen que el incendio generado por un vehículo estacionado es un hecho de la circulación; la aseguradora AXA debe probar causas excluyentes para exonerarse, lo cual no ha ocurrido, y la indemnización se fundamenta en el principio de indemnidad que exige compensar el valor de mercado del vehículo conforme a jurisprudencia reciente y artículos 1 y 20 de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor.

2º) Conforme a la doctrina consolidada del Tribunal Supremo y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), el incendio de un vehículo motorizado que se encuentra estacionado (incluso en un taller) constituye un "hecho de la circulación" si el origen del fuego es interno al propio vehículo o su causa no queda suficientemente acreditada como externa.

Inversión de la carga de la prueba: Al catalogarse como hecho de la circulación, la aseguradora del vehículo solo puede exonerarse si prueba de forma fehaciente alguna de las causas excluyentes previstas en el artículo 1.1 (párrafos 2 y 3) del TRLRCSCVM (como la culpa exclusiva de la víctima o fuerza mayor extraña a la conducción y al funcionamiento del vehículo). Al no haber acreditado AXA dichas causas, debe responder del siniestro bajo la cobertura del seguro obligatorio.

3º) El Tribunal determina que la cuantificación de la indemnización debe basarse en el valor de mercado del vehículo siniestrado y no en el valor venal.

- Principio de restitución íntegra: El objetivo de la indemnización es el principio de indemnidad (dejar a la víctima en una situación lo más cercana posible a la que tendría de no haber ocurrido el daño).

- Diferencia de criterios: Mientras que el valor venal es el valor de venta del vehículo justo antes del siniestro (lo que recibiría el propietario si lo vendiera), el valor de mercado (o valor de reposición) incluye los gastos de adquisición, impuestos y márgenes comerciales necesarios para que el afectado pueda adquirir en el mercado de ocasión un vehículo de similares características y antigüedad. Por tanto, este último es el que garantiza la reparación íntegra del daño en supuestos de siniestro total.

B) Antecedentes.

1º) Frente a la sentencia de 11 de noviembre de 2024 que desestimaba íntegramente la demanda se formuló recurso de apelación por la parte demandante, se funda el recurso en la existencia de error en la valoración de la prueba. La sentencia desestima la demanda por considerar que el actor no ha acreditado tener legitimación activa. La sentencia impugnada no valora la responsabilidad de las aseguradoras demandadas. Axa ha sido demandada como entidad con la que el vehículo donde se habría iniciado el incendio había suscrito el seguro obligatorio. Mientras que Occidente GCO, SAU actuaba como asegurador del Taller donde se encontraban ambas furgonetas, la del actor y la asegurada por AXA.

2º) La sentencia impugnada declara que es preciso acreditar "fehacientemente" la titularidad del vehículo siniestrado, considerando el recurrente que de la documental presentada sí constaría suficientemente acreditada su titularidad sobre el vehículo. Concretamente se refiere al documento uno de su demanda, "el informe de pérdida total de Allianz, que como documento número uno acompaña la demanda, no fue impugnado ni en la vista del juicio verbal ni tampoco en las contestaciones a la demanda y recoge todos los datos relacionados con el vehículo, y con el asegurado/ tomador del mismo, conforme al art. 7 de la Ley 50/1980, de Contrato de Seguro…”.

El art. 1 TRLRCSCVM se refiere al perjudicado y no a propietario. De entrada, debe afirmarse que no resulta exigible una prueba fehaciente de la titularidad de un vehículo o de la condición de perjudicado. La legitimación activa puede quedar acreditada a través de una valoración conjunta de la prueba. En este caso ni el actor ni el demandado que le discute la legitimación activa aportan la documental pública relativa a quién aparece en la DGT cómo titular del vehículo. El demandante no lo hace, probablemente porque en las reclamaciones previas a la presentación de la demanda nadie le discutió su condición de titular del vehículo siniestrado.

Sobre esta cuestión razona la Sentencia de la Audiencia Provincial de Murcia, sec. 1ª, de 3/12/18, que no puede compararse el registro administrativo de la DGT con el Registro de la Propiedad. En el mismo sentido afirma la Sentencia de la sec. 6, de la Audiencia Provincial de Valencia, de nº 89/2015 de 2 Abr. 2015, Rec. 51/2015:

" Dijimos en nuestra sentencia de 16 de enero de 2007 ( ROJ: SAP V 3585/2007 - ECLI:ES:APV:2007:3585), Sentencia: 5/2007 | Recurso: 792/2006 | Ponente: VICENTE ORTEGA LLORCA:

"Tal modo de razonar confunde la propiedad del vehículo con la titularidad administrativa del mismo, que es sólo una anotación en el Registro de la Jefatura de Tráfico, sin trascendencia civil en lo concerniente a la atribución del dominio, que se adquiere por consecuencia de ciertos contratos mediante la tradición (artículo 609 CC),

(....)

El Registro de Vehículos, tiene carácter meramente administrativo y los datos que figuran en él no prejuzgan las cuestiones de propiedad, cumplimiento de contratos, y, en general, cuantos de naturaleza civil o mercantil puedan suscitarse respecto de los vehículos...".

En este caso, como se ha adelantado, antes de la presentación de la demanda se remitieron por el actor sendas reclamaciones extrajudiciales a los ahora demandados. Constan en autos las respuestas negativas de ambas aseguradoras, pues cada una considera que su asegurado no es responsable del incendio, sino que es la otra compañía. De hecho, Axa formuló respuesta motivada negando su responsabilidad conforme al art. 7.2 y 4 TRLRCSCVM. El documento emitido por Axa -ac.7 - se denomina por ella misma respuesta motivada, expresión que consta en negrita.

Sin embargo, Axa, aseguradora del vehículo donde se habría iniciado el incendio, en la contestación a la demanda, alega que no se ha acreditado la condición de propietario del vehículo al demandante. La contestación no aporta documentación de la DGT o indicio alguno sobre la falta de legitimación del actor.

En este caso, efectivamente, no se acompañó a la demanda el permiso de circulación ni otro documento público o privado de los que resulte la adquisición del vehículo dañado. Si bien, en las reclamaciones previas que el actor y recurrente dirige a los demandados nada se objetó por ellos a este respecto. Además, como dice la sentencia recurrida, el vehículo está rotulado de modo inequívoco y ostensible con el nombre y logotipos del actor. Así aparece en todas las fotografías que las partes han incluido en su dictámenes o documental. El examen de la pericial de la actora, informe emitido para el actor y la aseguradora del vehículo - Allianz - hace constar los datos del vehículo - modelo, matrícula, fecha de matriculación, número de bastidor, así como el número de la póliza de seguro- así como los datos de este, apareciendo como asegurado el actor. Debe destacarse que la respuesta motivada de AXA, ac.7, precisamente hace constar, a la derecha del folio, arriba, la matrícula del vehículo siniestrado, justo debajo el nombre del actor y a continuación su aseguradora -ALLIANZ - y el número de póliza NUM000- . Los datos de ese documento que emitió AXA relativos del asegurador y póliza del vehículo siniestrado coinciden con los que constan en el dictamen -. Es decir, en la contestación a la demanda, ex novo, se introduce este motivo de oposición a la pretensión de indemnización por daños.

Sobre esta cuestión la Audiencia Provincial de Baleares ha declarado que no puede negarse legitimación "ad causam" a la parte actora en un proceso cuando, previamente al mismo, se le ha reconocido - Sentencias, Secc. 3ª, nº 442/2006 de 16 Oct. 2006, Rec. 388/2006, o las de 23 de septiembre de 2004 y 15 de octubre de 2004 -.

Por todo ello, cabe concluir, realizando una valoración conjunta de la prueba, del comportamiento extraprocesal de AXA, así como que no existe dato o indicio en contra de la titularidad del actor que, cuando menos, éste poseía, utilizaba habitual, legítimamente y públicamente el vehículo. Lo que unido a la alegación novedosa de Axa lleva a concluir que el recurrente cuenta con legitimación activa para reclamar la indemnización por los graves daños que la furgoneta sufrió a causa del incendio ocurrido en las instalaciones del Taller Haro Motor.

Procede estimar este motivo del recurso y entrar en el fondo del asunto.

C) Llegados a este punto debe analizarse si los demandados tienen responsabilidad en el siniestro y, por tanto, si las dos aseguradoras o alguna de ellas debe indemnizar los daños sufridos por el vehículo de la actora. El importe de los daños reclamado en la demanda se alega únicamente por AXA la existencia de pluspetición, entiende que la indemnización debe limitarse al valor venal del vehículo. Las dos demandadas niegan su responsabilidad en el incendio. Como se ha dicho Axa ha sido demandada como entidad con la que el vehículo donde se habría iniciado el incendio había suscrito el seguro obligatorio. Mientras que Occident GCO, SAU actuaba como asegurador del taller donde se encontraban ambas furgonetas.

De las periciales obrantes en autos resulta acreditado, todas coinciden, en que el incendio se inició en la furgoneta Peugeot Expert NUM001, asegurada en AXA, que se encontraba estacionada, parada, en las instalaciones del Taller H Motor esperando a ser reparada. En esa misma nave estaba el vehículo siniestrado cuya indemnización se solicita.

Las periciales discrepan sobre las concretas causas que originaron ese incendio del sistema eléctrico del vehículo dentro de la nave en la que estaba depositada. La pericial aportada por Occidente considera que su origen es interno, debido al mal estado de su cableado. Mientras que la pericial de Axa entiende que origen del incendio estaría en que unos roedores, durante su estancia en el taller, habrían mordido el cableado del motor de la furgoneta, concluyendo que se trataría de una responsabilidad del taller.

En primer lugar, procede analizar si el siniestro, el incendio que de la furgoneta Peugeot Expert NUM001, asegurada en AXA, es un hecho de la circulación. De entrada, ya procede avanzar que sí lo es. La consecuencia será que para excluir la responsabilidad de Axa deberá ésta acreditar que concurre algunas de las causas a las que se refiere el art. 1.1 párrafos 2 y 3 TRLRCSCVM.

Se debe concluir que este incendio es un hecho de la circulación en aplicación de la Sentencia de Pleno del Tribunal Supremo de 17 de diciembre de 2019, nº 674/19, rec. 11952015 donde se declara, en aplicación de la doctrina del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que el incendio de un vehículo estacionado en el garaje de una vivienda unifamiliar ocasionando daños en el inmueble, es un hecho de la circulación y está dentro de la cobertura que ofrece el seguro obligatorio del automóvil. El TJUE de 20 de junio de 2019 declaró que está comprendida en el concepto de "circulación de vehículos" una situación en la que un vehículo estacionado en un garaje privado de un inmueble comenzó a arder, provocando un incendio que se originó en el circuito eléctrico del vehículo y causó daños en el inmueble, aun cuando el vehículo llevara más de 24 horas parado en el momento en que se produjo el incendio. 

El TJUE afirmó:

"El artículo 3, párrafo primero, de la Directiva 2009/103/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de septiembre de 2009, relativa al seguro de la responsabilidad civil que resulta de la circulación de vehículos automóviles, así como al control de la obligación de asegurar esta responsabilidad, debe interpretarse en el sentido de que está comprendida en el concepto de "circulación de vehículos" que figura en esta disposición una situación, como la del litigio principal, en la que un vehículo estacionado en un garaje privado de un inmueble y utilizado conforme a su función de medio de transporte comenzó a arder, provocando un incendio que se originó en el circuito eléctrico del vehículo y causando daños en el inmueble, aun cuando el vehículo llevara más de 24 horas parado en el momento en que se produjo el incendio".

Procede concluir conforme a la citada doctrina que el incendio que sufrió el vehículo asegurado en Axa es un hecho de la circulación y por tanto debe responder esta aseguradora de los daños causados salvo que acredite que concurre causa que permita excluir su responsabilidad conforme al art. 1.1 párrafos 2 y 3 TRLRCSCVM.

Esta doctrina del Tribunal Supremo ha sido aplicada en el mismo sentido por la Sentencia de la AP de Murcia, sec. 1ª, de 7 de abril de 2021, resolución que expondrá con más detalle en el Fundamento siguiente.

D) El art. 1.1 párrafos 2 y 3 TRLRCSCVM establece :

"En el caso de daños a las personas, de esta responsabilidad solo quedará exonerado cuando pruebe que los daños fueron debidos a la culpa exclusiva del perjudicado o a fuerza mayor extraña a la conducción o al funcionamiento del vehículo; no se considerarán casos de fuerza mayor los defectos del vehículo ni la rotura o fallo de alguna de sus piezas o mecanismos.

En el caso de daños en los bienes, el conductor responderá frente a terceros cuando resulte civilmente responsable según lo establecido en los artículos 1.902 y siguientes del Código Civil, artículos 109 y siguientes del Código Penal, y según lo dispuesto en esta ley."

Dado que el origen del siniestro se debió al incendio de la Furgoneta Peugeot se trató de un hecho de la circulación y por tanto, en principio, cubierto por el seguro obligatorio. De modo que Axa, para exonerarse de responsabilidad, debe acreditar que se debió totalmente a causas ajenas al estado del vehículo.

Como se desprende de los dictámenes esta furgoneta Peugeot Expert NUM001 tenía al tiempo del siniestro 18 años de antigüedad y problemas con el motor de arranque - esa fue la razón por la que se encontraba en el taller -.

La pericial presentada por Catalana Occidente considera que el fallo eléctrico que originó del incendio se debió al mal estado de los cables, desgaste de la envoltura aislante. Mientras que otro informe, también entiende que el incendio en el vehículo se propició por la intervención de roedores que habrían mordido el cableado del vehículo. Considera que esas mordeduras de roedores tuvieron lugar en el taller.

Ambos peritos han ratificado en el juicio sus informes, negando razón de ciencia al de la parte contraria.

Como se ha dicho resulta indiscutido que el incendio se origina en el vehículo asegurado por AXA. No quedando suficientemente acreditado que el origen del evento dañoso se deba a la intervención de roedores, los indicios que se hacen constar en el informe son insuficientes para tener por cierta y determinante su intervención en el siniestro. No basta con afirmar que en el taller existen cebos anti roedores o que ha apreciado en otro vehículo, que no estaba junto al siniestrado, lo que, a su juicio, serían mordeduras en los cables realizadas por roedores.

No consta suficientemente acreditado que existe una causa externa al vehículo que haya sido el detonante del incendio de la Furgoneta Peugeot Expert NUM001. Es decir, no se ha probado que concurra un hecho que quiebre el nexo causal entre el vehículo asegurado en AXA y el incendio que se inició en esa furgoneta y que, posteriormente, se propagó a otros vehículos.

El actor, el perjudicado, no tiene que probar la causa con creta del incendio. La aseguradora, Axa, si quiere excluir la cobertura de su contrato debe demostrar cumplidamente que el origen es ajeno al riesgo asegurado, art. 217.3 LEC.

Conviene citar sobre esta cuestión, la Sentencia de la Audiencia Provincial de Murcia, sec. 1ª, Sentencia 109/2021 de 7 Abr. 2021, Rec. 478/2020, también respecto a un incendio provocado por un vehículo a motor estacionado, que afirmó - párrafo segundo del Fundamento Primero -:

" el demandante tan sólo debe probar la existencia del incendio causante del daño, eximiéndosele de acreditar la causa concreta que originó el incendio, no considerando que deba distinguirse al respecto sobre si el incendio revistió mayor o menor complejidad, pues se trata de un criterio jurisprudencial establecido en abstracto, de manera que la responsabilidad se genera desde el momento en que existe un nexo causal entre la realidad del incendio y el daño generado por el mismo, sin que corresponda al siniestrado la labor de acreditar su origen, y si la aseguradora demandada considera que el origen del mismo procedía de un elemento extraño a lo cubierto por la póliza, sobre ella pesaba la carga de probarlo, no bastando con introducir interrogantes a partir de las cuales cuestionar el origen del incendio, sino que es necesario que sus alegaciones negando su responsabilidad aseguradora en el siniestro gocen de un firme apoyo probatorio, lo cual consideramos no ha sucedido en el supuesto enjuiciado."

La consecuencia de lo anterior será declarar la responsabilidad de la aseguradora Axa.

E) No cabe la reclamación realizada frente a Occident GCO, SAU.

El Taller Haro Motor tenía suscrito una póliza de seguros con Catalana Occidente que cubría los riesgos de su actividad profesional, es trataba de un seguro denominado multirriesgo. Procede analizar si existe responsabilidad de la aseguradora por la actividad de taller. Para ello debe valorarse la naturaleza del contrato de seguro suscrito, la causa del incendio y la situación de depósito de ambas furgonetas.

Al hilo de un siniestro en que aparecía un seguro multirriesgo de taller y el seguro obligatorio de responsabilidad civil de vehículos a motor se pronunció esta Audiencia, Sección 5ª, Sentencia 145/2021 de 22 Jun. 2021, Rec. 141/2021, si bien referido a un siniestro diferente a un incendio. Esta sentencia ya diferenció el objeto y naturaleza de ambos seguros. En este litigio el aseguramiento que realizaba Catalana cubre los riesgos de una actividad empresarial de taller, mientras que el seguro de Axa ampara los daños derivados de un hecho de la circulación.

En este caso no consta que el taller hubiera realizado actividad alguna de reparación sobre el vehículo tras su entrada en el taller. La furgoneta Peugeot se encontraba depositada en la nave industrial donde se desarrolla la actividad profesional de taller. Como se ha analizado anteriormente no consta acreditado que el taller o su personal tengan intervención causal en el incendio, no se había comenzado la reparación, sino que éste se considera un hecho de la circulación y por tanto no cabe exigir responsabilidad alguna al taller ni a su aseguradora por este siniestro.

Así lo viene declarado de modo reiterado la jurisprudencia de las Audiencias Provinciales: Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, Sección 8ª, Sentencia 355/2021 de 20 Sep. 2021, Rec. 633/2021; Sentencia de la Audiencia Provincial de Les Illes Balears, Sección 4ª, Sentencia 564/2022 de 9 Nov. 2022, Rec. 70/2022; Sentencia de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Pontevedra de 6 de febrero de 2025, Sentencia: 77/2025, Recurso: 426/2024; SAP de Albacete , Civil sección 1 del 16 de abril de 2026 ( ROJ: SAP AB 324/2026 - ECLI :ES:APAB:2026:324 Sentencia: 218/2026 Recurso: 789/2024; Sentencia de la Audiencia Provincial de Tarragona, Sección 3ª, Sentencia 676/2026 de 2 Jul. 2026, Rec. 308/2025.

Por el contrario, la Sentencia de la Audiencia Provincial de Baleares, Sección 5ª, Sentencia 465/2024 de 18 Sep. 2024, Rec. 1033/2023, sí apreció responsabilidad del taller cuando se originó en el incendio en un elemento que era una máquina propiedad del taller, calibrador de neumáticos.

Procede desestimar la reclamación realizada frente a Occident GCO, SAU.

F) Indemnización.

El importe de los daños reclamado en la demanda asciende a 4.630,43 euros. La contestación de Axa sostiene que el vehículo propiedad del demandante fue pérdida total y sin embargo se reclama el importe de la reparación afirmando, erróneamente, que ese es el valor de la pérdida total que da el informe que allí se aporta como documento nº 1. El valor venal del vehículo es determinado por la propia documentación que aporta la demanda en 1.500 euros, con un valor de restos de 310 euros, la indemnización que pudiera concederse no debe superar el valor venal del vehículo.

El dictamen que acompañó el actor a su demanda declara que se trata de un vehículo matriculado en el año 2006, con un valor venal de 1500 euros, un valor de reposición o mercado de 3300 euros, siendo el importe de reparación de 4.630,43 euros. También se hace constar como valor de restos dos ofertas una por 200 euros y otra por 310 euros. Folio dos.

Efectivamente, en este caso concurre una diferencia importante entre el precio de la reparación y el valor venal del vehículo. Igualmente, aunque menor, también es relevante la diferencia entre el importe de la reparación y el valor de reposición o mercado. No consta que se haya reparado por el actor.

En el ámbito de las obligaciones extracontractuales, ha de tenerse en cuenta que, en materia de indemnización de daños y perjuicios, el principio rector básico de su alcance no es otro que el de la indemnidad del perjudicado, esto es el restablecimiento de su patrimonio al estado precedente a la producción del daño. Principio de indemnidad que, conforme ha venido declarando reiterada jurisprudencia del TS (STS de 11 de noviembre de 2003 y STS de 29 de marzo de 2001), queda sujeto al régimen legal que determinan los conceptos a indemnizar (artículo 1106 Código Civil) y la extensión de los mismos (artículo 1107 del propio Código) así como la necesidad de cumplida prueba por el perjudicado de la real existencia de los reclamados y su relación causal con el siniestro de que se trate. El límite de la indemnización estará en la prohibición del enriquecimiento injusto.

En este caso, visto los valores que se recogen en la pericial es necesario acudir al valor de mercado frente al valor venal. A fin de indemnizar todos los perjuicios que se derivan de la pérdida del vehículo se le causan al actor.

En casos como el presente de pérdida total del vehículo, el perjudicado tiene derecho a ser indemnizado no por el valor venal de su vehículo de motor, el cual viene determinado en las revistas especializadas única y exclusivamente por su marca, modelo, antigüedad y extras u opciones para la mejora de su confort y de su seguridad, sino que tiene derecho a su indemnización por su valor de mercado. Éste tiene en cuenta, además de los anteriores parámetros, el kilometraje realizado hasta la fecha del accidente, su real estado de conservación y la demanda de dicha marca y modelo de vehículo de motor en el mercado.

Esto es, se debe optar por el valor de mercado del vehículo de motor y no por su valor venal por cuanto que tal valor es el que mejor responde a la realidad del precio o valor de adquisición de un vehículo de motor de similares características, logrando así en la medida de lo posible lograr la total indemnización del perjudicado. En definitiva, el valor de mercado es un valor mucho más ajustado que el valor venal del vehículo de motor siniestrado justo en la fecha en la que ocurrió el accidente.

Este criterio de atender al valor de mercado está siendo acogido por numerosas sentencias, exponen que es más adecuado y resulta conforme a la doctrina del Tribunal Supremo. Así, podemos indicar la sentencia de la sección séptima de la Audiencia Provincial de Asturias de fecha diecinueve del mes de septiembre del año 2.024 afirma que "este criterio se viene manteniendo por esta audiencia provincial, a partir de la reunión, para unificar criterios, mantenida por los presidentes de las distintas secciones civiles de ocho del mes de febrero del año 2.007, se decantó en este tipo de supuestos por estar al criterio del valor de mercado incrementado con un porcentaje de afección que oscilara entre el veinte y veinticinco por ciento, estando justificada esta opción en el hecho de que la finalidad de toda indemnización de daños y perjuicios es la de conseguir la indemnidad de los perjudicados, cubriendo la totalidad del quebranto patrimonial sufrido a consecuencia del acto ilícito de que se trate, y en estos casos la indemnidad exige partir no del valor venal, sino del de mercado pues una cosa es el precio de venta y otro el coste de adquisición que debe incluir normalmente el beneficio industrial de la entidad vendedora que incrementa así el percibido por su dueño anterior".

En igual sentido la sentencia de la sección decimonovena de la audiencia provincial de Madrid de quince del mes de julio del año 2.020, la Sentencia de la Audiencia Provincial de Ávila, Sentencia 66/2025 de 21 Feb. 2025, Rec. 335/2024.

Este criterio doctrinal se apoya en la Sentencia del Tribunal Supremo de 3 de diciembre de 2.024, la cual, en su fundamento de derecho cuarto denominado "El interés asegurado y el valor venal de los vehículos a motor en casos de siniestro total", afirma que:

"1.- En la póliza de seguro en la que se basa la pretensión ejercitada en la demanda se pactó que en caso de siniestro total del vehículo a partir del sexto año desde la primera matriculación el importe de la indemnización se correspondería con el valor venal. Y el valor de mercado del vehículo siniestrado ha sido fijado en la instancia en la suma de 6.670 euros, habida cuenta de que, cuando se produjo el accidente, el vehículo tenía ya trece años.

2.- La sentencia de pleno 420/2.020 de 14 de julio , que se pronunció sobre el problema de la valoración del vehículo en caso de siniestro total, en relación con el artículo veintiséis de la ley de contrato de seguro, partió de dos premisas:

(i).- El resarcimiento del daño tiene por finalidad devolver el patrimonio del perjudicado (en este caso, asegurado) a la situación en que se encontraría de no haber mediado el acto productor del daño, sin que pueda suponer un beneficio injustificado.

(ii).- En los daños materiales de vehículos a motor, el resarcimiento se obtiene generalmente por medio de la efectiva reparación de los desperfectos en un taller especializado, pero no puede imponerse unilateralmente la reparación en los supuestos de siniestro total cuando su coste sea manifiestamente desproporcionado con respecto al valor del vehículo al tiempo del siniestro.

3.- Junto a tales premisas, la misma sentencia de Pleno estableció que en estos casos no es contrario a derecho que el resarcimiento se lleve a efecto mediante la fijación de una indemnización equivalente al precio del vehículo siniestrado, más una cantidad porcentual, el precio o valor de afección, que comprenderá el importe de los gastos administrativos, dificultades de encontrar un vehículo similar e incertidumbre sobre su funcionamiento, entre otras circunstancias, apreciables por los órganos de instancia en su función valorativa del daño. Y ello, porque los vehículos de motor son bienes perecederos, que se deterioran y agotan con su uso y, por lo tanto, se devalúan con el tiempo, por lo que es habitual que sus dueños se vean obligados a sustituirlos por otros, dándolos de baja o vendiéndolos a terceros, cuando todavía conservan un valor de uso susceptible de transmisión onerosa. Pero, al tiempo, también deben valorarse las dificultades antes señaladas para encontrar otro vehículo en un estado de conservación y uso similar, o la asunción de gastos administrativos y de transacción (valor de afección).

En esta misma línea, antes de la STS de 2024, Audiencia Provincial de Las Palmas, Sección 5ª, Sentencia 149/2024 de 7 Mar. 2024, Rec. 232/2023, afirmaba que "El valor de mercado o coste de reposición vendría a ser el coste de adquirir un vehículo de similares características al siniestrado (marca y modelo, accesorios, kilometraje, antigüedad.) en el mercado de segunda mano (... .) Cuando la reparación resulta antieconómica como en el presente caso o el propietario no desea repararlo, considera que se debe indemnizar al titular con el «valor de mercado» o con el «valor venal» incrementado con el «valor de afección», siendo el «valor de mercado» la solución más ajustada al principio de resarcimiento íntegro del daño (SAP de Las Palmas de 23/5/2017 )."

Por lo que el actor deberá ser indemnizado en la cantidad de 3.300 euros, valor de mercado, pues ha tenido en cuenta la antigüedad, kilómetros y conservación de la furgoneta, trámites administrativos por la baja del antiguo y los derivados de la adquisición de un nuevo vehículo similar, la dificultad para la sustitución de otro similar en el mercado de segunda mano. Algunos de estos parámetros constan expresamente en el folio dos del informe elaborado por Allianz y presentado junto a la demanda - antigüedad, kilometraje y conservación -. No consta en autos otro informe o documento sobre el valor de la furgoneta del actor al tiempo del siniestro.

En cuanto al valor de restos, en el informe de valoración existen dos presupuestos, no constando a quién se habrían vendido. Por lo que, por prudencia, se toma la valoración de menor importe - 200 euros- que deberán restarse del valor de mercado.

De manera que Axa deberá abonar al actor la cantidad de 3.100 euros.

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