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sábado, 30 de mayo de 2026

Indemnización por los costes derivados del alquiler de un vehículo de sustitución y gastos de custodia del vehículo accidentado

 

La sentencia de la Audiencia Provincial de Pontevedra, sec. 6ª, de 1 de abril de 2026, nº 276/2026, rec. 1709/2025, condena a la aseguradora al pago de una indemnización por los costes derivados del alquiler de un vehículo de sustitución y gastos de custodia del vehículo accidentado, al estar justificados documentalmente dichos gastos.

Tanto el alquiler de un vehículo de sustitución como los gastos de custodia (grúa y depósito) derivados de un accidente donde no eres culpable son conceptos de daño emergente indemnizables. Puedes exigir su reembolso íntegro a la compañía aseguradora del responsable del siniestro, siempre que estén justificados y documentados.

1º) Vehículo de sustitución. La jurisprudencia española reconoce el derecho a un coche de alquiler mientras el tuyo está en el taller o hasta que te abonen la indemnización por siniestro total.

No necesitas demostrar uso laboral: La simple privación del vehículo se considera un perjuicio indemnizable, ya que el coche se asume como un bien de necesidad diaria.

Tiempo indemnizable: El periodo razonable que tarde la reparación o el tiempo estipulado hasta que se te realice la oferta motivada de indemnización por siniestro total.

Requisitos: El gasto debe ser proporcionado (coches de gama similar) y se debe conservar los justificantes y contratos de alquiler.

2º) Gastos de custodia (Depósito y Grúa). Si el vehículo quedó inmovilizado por el impacto y necesitó ser retirado de la vía y almacenado, el seguro contrario debe cubrir estos costes.

Traslado y pupilaje: Incluye el coste de la grúa y los días de estancia en el depósito del taller o aparcamiento.

Obligación de mitigación: Se debe avisar a tu seguro o al contrario lo antes posible para retirar el vehículo, ya que la aseguradora no pagará gastos desproporcionados o de custodia acumulados por dejadez o retrasos injustificados.

A) Introducción.

La empresa Rodrimovil, S.L. reclamó directamente a la compañía aseguradora OCCIDENT GCO, S.A.U. una indemnización por los costes derivados del alquiler de un vehículo de sustitución y gastos de custodia del vehículo accidentado, tras un siniestro ocurrido el 27 de enero de 2023, alegando que la aseguradora se negó a cubrir dichos gastos por falta de justificación.

¿Corresponde a la aseguradora indemnizar a la empresa Rodrimovil, S.L. por los gastos de alquiler del vehículo de sustitución y custodia del vehículo reparado, y si procede la aplicación de intereses moratorios conforme al artículo 20 de la Ley del Contrato de Seguro en caso de cesión de crédito?.

Se estima en parte el recurso de apelación, fijando la indemnización en 2.032,8 euros, reconociendo la procedencia de indemnizar los gastos de custodia por un periodo razonable y limitando los costes de alquiler del vehículo de sustitución a 32 días; además, se confirma la aplicación de los intereses del artículo 20 de la Ley del Contrato de Seguro al cesionario del crédito sin restricción alguna.

El tribunal fundamenta su decisión en el Real Decreto 1457/1986 respecto a la regulación de los gastos de custodia y en la jurisprudencia del Tribunal Supremo que reconoce que el cesionario del crédito adquiere la titularidad plena del mismo, incluyendo los intereses moratorios previstos en el artículo 20 de la Ley del Contrato de Seguro; asimismo, se aplica el principio de reparación íntegra, ajustando la indemnización a la proporcionalidad y responsabilidad en la demora de la reparación.

B) Planteamiento de la cuestión.

1º) En la demanda rectora del procedimiento se ejercita por la entidad RODRIMOVIL, S.L. acción de reclamación de cantidad frente a la compañía SEGUROS CATALANA OCCIDENTE S.A. DE SEGUROS Y REASEGUROS.

Expone en ella que, como consecuencia de los daños sufridos por el vehículo Peugeot 206, matrícula 666 en un accidente de circulación ocurrido en fecha 27 de enero de 2023, la propietaria, Doña Hortensia acudió a sus instalaciones el día30 de enero para que procedieran a su reparación; que ante la necesidad de disponer de un vehículo para su uso diario, le alquiló un vehículo Opel Corsa, con matrícula 777; que el 12 de mayo de 2023 se le entregó el vehículo reparado a la propietaria, trasladándole las facturas de alquiler y de custodia por importe de 4.319,70 euros y 774,40 euros respectivamente, suscribiendo la señora Hortensia un contrato de cesión de créditos a su favor por el que autorizaba a la demandada a liquidar directamente al taller dichas facturas, además de la correspondiente a la reparación del turismo; que, tras varios requerimientos a la aseguradora, rehusó los gastos de custodia y alquiler por no estar debidamente justificados.

2º) Sentencia de instancia.

La sentencia de instancia estima íntegramente la demanda y condena a la demandada a indemnizar a la actora en la cantidad de 5.094,10 euros más los intereses del artículo 20 de la Ley del Contrato de Seguro.

3º) Recurso de apelación.

Se alza dicha parte frente a la citada resolución en base a las siguientes consideraciones:

1- Error en la valoración de la prueba.

No consta acreditada ninguna actuación diligente por parte del perjudicado (cedente del crédito), ni por parte del taller reparador accionante (cesionario) para requerir su intervención, ni para evitar la prolongación innecesaria de la paralización del vehículo. Si la parte demandante pretendía fundamentar su pretensión indemnizatoria en una supuesta demora en la peritación del vehículo, debía haber aportado prueba suficiente sobre este extremo.

2- La indemnización que se reclama en concepto de alquiler de vehículo de sustitución es desproporcionada.

Se reconoció únicamente el alquiler durante 16 días, correspondientes al periodo efectivo de reparación (26/04/2023 al 12/05/2023), por importe de 677,60 euros.

La sentencia aplica automáticamente el principio de reparación íntegra, sin analizar la proporcionalidad del gasto, ni considerar que los 102 días a los que se corresponden no están justificados por los daños que el vehículo accidentado sufrió en el siniestro; la propia entidad del daño no justifica la demora en reparar; el vehículo se reparó cuando el perjudicado dio la orden y las consecuencias de tal actuación no pueden imputársele.

3- Improcedencia de los gastos de custodia. Infracción del Real Decreto 1457/1986.

Los gastos de estancia solo pueden devengarse tras la confección del presupuesto, si el cliente no retira el vehículo en tres días, cuando no lo acepte.

La sentencia ignora la normativa específica sobre talleres y considera procedente la custodia desde el primer día, sin valorar si se cumplieron los requisitos legales para su devengo.

4- Indebida aplicación de los intereses del artículo 20 de la LCS.

La sentencia rechaza la alegación relativa a la improcedencia de devengo de dichos intereses sin motivación jurídica que justifique que el cesionario (el taller) pueda reclamar intereses sancionadores, contradiciendo la Jurisprudencia del TS.

C) Gastos de estancia en el taller del vehículo asegurado.

Respecto de los gastos de estancia en el taller del vehículo, debe considerarse que inicialmente existió un contrato de garaje o de depósito independiente o autónomo, cuya finalidad es la guarda y custodia del vehículo hasta su peritación. Durante ese tiempo la permanencia en el taller no obedece a las consecuencias inherentes al arrendamiento de servicios ínsito en la actividad reparadora del taller, suponiendo un evidente perjuicio custodiar en sus instalaciones el vehículo, privando a quien regenta el taller de un espacio para el desarrollo normal de su actividad.

El artículo 15.2 del Real Decreto 1457/1986 , de 10 de enero, que se cita como infringido por la recurrente, se refiere al segundo periodo antes indicado, no al primero, y al no devengo de gastos de estancia desde que se produce la orden de reparación, salvo después de presentado presupuesto o reparado el vehículo, de modo que, por la aplicación de tal precepto, no puede estimarse, que respecto del primer periodo, en casos de accidente de tráfico donde se está a la espera de la orden de reparación del obligado a soportarla, no se devenguen gastos de estancia, cuando resulta injustificado el retraso en la emisión de la orden de la reparación.

En el supuesto enjuiciado se reclama únicamente el periodo que abarca desde el 13/02/2023 hasta el 16/03/2023, fecha en la que se dio la orden de reparación, lo que supone un total de 32 días, periodo que se considera razonable, lo que obliga a desestimar el motivo de apelación.

D) Gastos de alquiler de vehículo de sustitución.

En relación a los gastos de alquiler de un vehículo de sustitución ha de destacarse su consideración de perjuicio relacionado directamente con el siniestro que nos ocupa, así como la necesidad de restituir al perjudicado a la situación anterior al mismo, máxime cuando es un hecho notorio que la privación del uso del vehículo propio constituye un gran trastorno en los hábitos cotidianos.

La objeción que sobre este extremo realiza la recurrente demandada es que la indemnización que se interesa por dicho concepto resulta desproporcionada, reconociendo únicamente el periodo efectivo de reparación.

El motivo debe acogerse.

Consta que el vehículo entró en el taller el 30 de enero de 2023, el 16 de marzo se dio orden de reparación y el 12 de mayo de 2023 se entregó reparado, transcurriendo un total de 102 días.

El testigo Don Javier, empleado de Rodrimovil, (chapista), declaró que la orden de reparación la dio el cliente y que, si bien lo habitual es que lo haga la compañía, en este caso "la clienta estaba harta de que el perito no acudiera"; que hubo que pedir piezas y había otros vehículos para reparar, hay que seguir un orden y que el tiempo efectivo de reparación fue un mes.

Efectivamente en notorio que la dinámica de una reparación exige determinados tiempos de espera, recepción de piezas, no siendo posible una dedicación exclusiva de los mecánicos, con lo cual, el plazo teórico que indica la apelante difícilmente puede trasladarse en este supuesto.

Sentado lo anterior, no cabe trasladar al perjudicado las consecuencias de la demora en la reparación ni de la estancia del vehículo siniestrado en el taller más allá de lo razonable, y no lo es facturar 102 días de alquiler de un vehículo de sustitución facilitado por el propio taller, sin que se haya acreditado el abono de dicha factura.

Sentado lo anterior, se considera razonable indemnizar por tal concepto a la actora en el mismo periodo que se reclama por la estancia del turismo en el taller (32 días), que resulta prácticamente coincidente con el tiempo de reparación, lo que supone una cantidad de 1.255 euros, (32 días X 35 euros/ día más IVA).

E) Intereses moratorios.

La demandada sostiene que la sentencia de primer grado no dio respuesta a la alegación relativa a la improcedencia de aplicar los intereses sancionadores del artículo 20 de la LCS, limitándose a rechazarla.

Siendo cierto que no se ofrece argumentación alguna sobre el aspecto indicado, ha de tenerse en cuenta la reciente sentencia del tribunal Supremo de 9 de diciembre de 2025, que señala que "Por la cesión de crédito prevista en los artículos 1112 , 1203.3 .º y 1526 del Código Civil , el cesionario adquiere la titularidad del crédito cedido con el contenido contractual que tenía en origen, por lo que puede exigir dicho crédito al deudor cedido sin ninguna restricción o limitación. El cesionario adquiere la titularidad del crédito, con el mismo contenido que tenía para el acreedor cedente, permaneciendo incólume la relación obligatoria. Así lo hemos declarado en la sentencia 1207/2025, de 3 de septiembre, que se hace eco de las numerosas sentencias dictadas sobre este particular.

Respecto del devengo del interés del art . 20 de la Ley del Contrato de Seguro cuando la acción frente al asegurador del responsable del siniestro es ejercitada por el cesionario del crédito del perjudicado, la sentencia 384/2017, de 19 de junio, declaró que el recargo de demora previsto en el artículo 20 de la Ley del Contrato de Seguro forma parte del contenido contractual de una cesión de crédito . No hay disposición legal que la prohíba, por lo que las partes pueden acordarla al amparo del artículo 1255 del Código Civil y no hay fundamento para una aplicación restrictiva de la cesión de los intereses de demora. La legitimación resultante deriva del propio título contractual acordado por las partes. Una vez perfeccionada la cesión, el cesionario adquiere la titularidad del crédito cedido con el contenido que tenía en origen, por lo que puede exigir dicho crédito al deudor cedido sin ninguna restricción o limitación".

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La acción de indemnización por lucro cesante derivado de un accidente de circulación no prescribe hasta que el vehículo dañado haya sido reparado y el perjudicado pueda conocer los días de paralización del vehículo.

 

La sentencia de la Audiencia Provincial de Cantabria, sec. 4ª, de 1 de abril de 2026, nº 209/2026, rec. 406/2025, declara que la acción de indemnización por lucro cesante derivado de un accidente de circulación no prescribe hasta que el vehículo dañado haya sido reparado y el perjudicado disponga de todos los elementos fácticos y jurídicos para ejercitar la acción, incluso si ha habido demora en la reparación no imputable al actor.

El actor no podía ejercitar la acción de reclamación de lucro cesante hasta que no estuviese reparado el vehículo y conociese los días de paralización del vehículo.

Se concluye que la acción no está prescrita porque el actor no pudo ejercitarla hasta la reparación del vehículo, que ocurrió el 25 de abril de 2023, y la demora en la reparación no es imputable al actor. Se reconoce el nexo causal entre el accidente y el lucro cesante, que se cuantifica en 6.600 euros, con aplicación de intereses legales desde la fecha del accidente.

El fallo confirma la doctrina jurisprudencial sobre el dies a quo de la prescripción y la necesidad de que el perjudicado disponga de todos los elementos para ejercer la acción, sin que exista cambio o fijación doctrinal novedosa.

La sentencia destaca la aplicación estricta y restrictiva de la prescripción en materia de indemnización por lucro cesante, subrayando que el plazo no comienza hasta que el perjudicado puede ejercitar plenamente la acción, lo que incluye la reparación efectiva del bien dañado y el conocimiento del daño concreto.

A) Introducción.

Una persona sufrió un accidente de circulación que dañó su vehículo, el cual estuvo paralizado en taller durante 44 días para su reparación, y reclamó a la compañía aseguradora una indemnización por lucro cesante durante ese periodo.

¿Está prescrita la acción de reclamación de lucro cesante por paralización del vehículo tras un accidente de circulación y, en su caso, cuál es el importe indemnizable?.

Se considera que la acción no está prescrita y que la compañía aseguradora debe indemnizar al actor con 6.600 euros más intereses por lucro cesante durante el periodo de reparación del vehículo.

La prescripción comienza a contar desde que el perjudicado puede ejercitar la acción con todos los elementos necesarios, en este caso desde la entrega del vehículo reparado, conforme a la doctrina jurisprudencial que protege la conservación de derechos y exige prueba rigurosa del lucro cesante, aplicando el artículo 1968.2 del Código Civil y el artículo 20 de la Ley de Contrato de Seguro.

B) Antecedentes.

Por la representación procesal de D. Evaristo se interpone recurso de Apelación contra la sentencia de instancia que desestimó las pretensiones de la demanda al entender prescrita la acción.

La parte actora, ahora apelante, ejercita acción de indemnización del lucro cesante sufrido consecuencia de accidente de circulación ocurrido el día 22 de octubre de 2022, al estar paralizado el vehículo de su propiedad Renault T 520 matrícula 666 dañado 45 días en taller para su reparación, reclama la cantidad de 150 Euros diarios por los 45 días de paralización total 6.750 Euros. La demandada opone prescripción de la acción al haber transcurrido el plazo de un año desde el accidente previsto en el art. 1968.2 Código Civil, y en todo caso por haber retrasado el actor la reparación del vehículo seis meses; falta de nexo causal entre el accidente y el lucro cesante reclamado e impugna el importe reclamado por falta de prueba.

C) La acción de indemnización por lucro cesante derivado de un accidente de circulación no prescribe hasta que el vehículo dañado haya sido reparado.

1º) En el primer motivo del recurso se impugna la estimación de la excepción de prescripción de la acción. Entiende el recurrente que no pudo ejercitar la acción hasta que el vehículo fue reparado en el taller, lo que ocurrió el día 25 de abril de 2023, existiendo reclamación previa en marzo de 2024 que interrumpió la prescripción y en todo caso la demanda se presenta el 16 de abril sin transcurrir el plazo de un año.

2º) El Tribunal Supremo en sentencia de 11 noviembre 2025, con cita de sentencias anteriores dice:

 "El día inicial para el ejercicio de la acción es aquel en que puede ejercitarse, según el principio actio nondum nata praescribitur [la acción que todavía no ha nacido no puede prescribir] (STS de 27 de febrero de 2004; STS de 24 de mayo de 2010; STS de 12 de diciembre 2011). Este principio exige, para que la prescripción comience a correr en su contra, que la parte que propone el ejercicio de la acción disponga de los elementos fácticos y jurídicos idóneos para fundar una situación de aptitud plena para litigar".»

En la misma línea, la sentencia del TS nº 350/2020, de 24 de junio, estima el recurso de casación interpuesto frente a una sentencia que, con motivo de la reclamación de unos daños ocasionados por el hundimiento de un vehículo en una calzada a consecuencia de la existencia de un socavón provocado por la rotura de una tubería, consideró prescrita la acción al considerar como dies a quo el de la estabilización de las lesiones en lugar de aquel en que se identificó al responsable. La sentencia reitera la doctrina expuesta en la que se acaba de transcribir y precisa:

«Tanto la sentencia de primera instancia como la de apelación fijan el dies a quo para el ejercicio de la acción a partir de la fecha en que el perjudicado conoció el alcance del daño personal y material sufrido, prescindiendo del conocimiento por dicho perjudicado de la identidad del responsable. No obstante, la redacción del artículo 1969 del Código Civil no admite duda acerca de que el tiempo para para la prescripción de acciones "se contará desde el día en que pudieron ejercitarse" y lógicamente no puede ejercitarse la acción cuando no se conoce la identidad de aquél o aquéllos frente a los que ha de dirigirse, con independencia de que el perjudicado cuente desde antes con los datos objetivos referidos a la cuantía del daño o perjuicio causado.»

La sentencia del TS nº 159/2021, de 22 de marzo, tras indicar que en las cuestiones relativas a la prescripción se da, junto a un aspecto fáctico, una dimensión jurídica que hace posible revisar la decisión de la sentencia de instancia por razones de correcta aplicación e interpretación de la normativa y jurisprudencia aplicables, profundiza en el fundamento de la prescripción extintiva y sus efectos en la determinación del día inicial del cómputo del plazo:

«La prescripción conforma un instituto destinado a otorgar certeza a las relaciones jurídicas por el transcurso del tiempo y con ello confiere estabilidad y seguridad al tráfico jurídico. Genera el efecto de extinguir el derecho o mejor la facultad de exigirlo o imponerlo. Su justificación radica en impedir que dichas relaciones se prolonguen sin limitación temporal instalándose en el limbo de la indefinición. En este sentido, limpia y purifica el tráfico jurídico mediante la eliminación de situaciones de incertidumbre que perjudican su fluido funcionamiento.

»La prescripción es la consecuencia que se impone al titular de un derecho cuando con su comportamiento no lo cuida, conserva o defiende adecuadamente y crea la apariencia o presunción de abandonarlo. Su juego normativo opera en beneficio del deudor (favor debitoris), que se ve de esta forma legítimamente liberado de su prestación. En definitiva, se trata de una suerte de contra derecho otorgado al demandado para dejar sin efecto y enervar la acción ejercitada.

»Ahora bien, al tratarse de una institución, que no está fundada en términos de estricta justicia, los supuestos dudosos de aplicación de las reglas que la disciplinan habrán de ser objeto de una interpretación restrictiva, puesto que la regla general o normal es la de conservación de los derechos y no la intención de su dejación o abandono en beneficio del deudor (sentencias del TS nº  261/2007, de 14 de marzo; STS n1 311/2009, de 6 de mayo; STS nº 340/2010, de 24 de mayo; STS nº 721/2016, de 5 de diciembre ; STS nº 326/2019, de 6 de junio ; STS nº 279/2020, de 10 de junio y STS nº 326/2020, de 22 de junio, entre otras muchas).

»Los problemas fundamentalmente se plantean, como es el caso que nos ocupa, con respecto al día inicial del cómputo del plazo de la prescripción. Una primera reflexión al respecto determina que no comience su curso hasta el momento en que el titular disponga de la información precisa para ejercer los derechos con todos los elementos fácticos y jurídicos que los definen y delimitan.

... [la acción que todavía no ha nacido no puede prescribir] (Sentencias del TS nº 340/2010, de 24 de mayo; STS nº 896/2011, de 12 de diciembre; STS nº 535/2012, de 13 de septiembre; STS nº 480/2013, de 19 de julio; STS nº 6/2015, de 13 de enero; STS nº 279/2020, de 10 de junio; STS nº 326/2020, de 22 de junio y STS nº 92/2021, de 22 de febrero).»

3º) Aplicando la anterior doctrina jurisprudencial entiendo que la acción no está prescrita.

El actor no podía ejercitar la acción de reclamación de lucro cesante hasta que no estuviese reparado el vehículo y conociese los días de paralización, hecho que ocurrió el día 25 de abril de 2024, cuando se le entrega por el taller el remolque dañado.

Es cierto que el accidente ocurre el día 25 de octubre de 2022 y el remolque entra en el taller el día 22 febrero 2023, cuatro meses más tarde. Dicha tardanza en la reparación del vehículo no puede imputarse al actor. La compañía de seguros demandada reconoce su responsabilidad, ha abonado los daños del vehículo. Su obligación no consiste en indemnizar los daños sino en reparar. Desde la fecha del accidente, 25 de octubre de 2022, pudo y debió buscar y requerir al perjudicado para que llevase el vehículo a un taller de su elección para su reparación.

El hecho de que el remolque circulase desde la fecha del accidente hasta la entrada en taller no rompe el nexo causal, los daños del vehículo y la responsabilidad de su asegurado se acreditan por el propio reconocimiento de la demandada al abonar los mismos. Daños que el actor tiene derecho a reparar y que fueron reparado en el taller elegido por el actor al no notificar la demandada otro taller.

D) Respecto al lucro cesante.

El Tribunal Supremo en la Sentencia de 19 de noviembre de 2018 dice lo siguiente:

" 1.-Respecto a la existencia del lucro cesante se ha consolidado una doctrina jurisprudencial por la que, acreditado el evento perjudicial y la conducta sancionable, el resarcimiento de daños y perjuicios conforme al artículo 1106 CC abarca a todo el menoscabo económico sufrido por el acreedor consistente en la diferencia que existe entre la actual situación del patrimonio que recibió el agravio y la que tendría de no haberse realizado el hecho dañoso, bien por disminución efectiva del activo, bien por la ganancia, pérdida o frustrada, pero siempre comprendiendo en su plenitud las consecuencias del acto lesivo, tanto en la esfera contractual como en la extracontractual, ( Sentencia del TS de 22 de abril de 1997). La jurisprudencia se ha orientado en esta materia con un prudente criterio restrictivo, declarando con reiteración que ha de probarse rigurosamente que se dejaron de obtener las ventajas, sin que éstas sean dudosas o contingentes y sólo fundadas en esperanzas. En tal sentido, dice la sentencia de 24 de abril de 1997 que la integración del, lucrum cessans, como elemento de indemnización , no permite incluir eventos de futuro no acreditados, rayanos en los conocidos, sueños de ganancia, ni referirse sólo a acontecimientos reales o de indiscutible dación, sino que, en una posición intermedia, se requiere que los eventos determinantes de una aportación de medios o recursos truncados por la realización del ilícito obtengan la prueba indiscutible de que generarán ese monto económico, al cual, ya totalmente predeterminado, sólo le falta su real materialización. Así lo reitera la sentencia del TS nº 48/2013, de 11 de febrero, con abundantes citas de sentencias de la sala (SSTS 16 de diciembre de 2009; STS de 5 de mayo de 2009; STS de 21 de abril de 2008; STS de 18 de septiembre de 2007; STS de 31 de mayo de 2007; y STS de 14 de julio de 2003, entre otras más lejanas en el tiempo).

Por la prueba documental queda acreditado que el vehículo estuvo en taller desde el 22 febrero a las 8 horas, hasta el 25 abril 2023 a las 18 horas, 44 días. No son 45 como reclama el actor al ser festivo el 7 abril de 2023.

Por la prueba pericial se ha acreditado que el beneficio bruto medio del actor entre febrero de 2022 y abril de 2023 era de 168,46 Euros, se reclaman 150 euros diarios y se considera correcto. El importe de los perjuicios por lucro cesante es de 6.600 Euros.

El importe de la indemnización devengará el interés previsto en el art. 20 LCS desde la fecha del accidente.

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Cuando el asegurado no comunica el siniestro dentro del plazo establecido en la póliza, el cómputo de intereses moratorios se inicia desde la fecha de dicha comunicación del siniestro salvo que exista una causa justificada que exima a la aseguradora.

 

La sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, sec. 1ª, de 7 de mayo de 2026, nº 713/2026, rec. 6103/2021, declara el derecho a una indemnización por un incendio en un garaje de autobuses por actos vandálicos en un autobús dentro del recinto asegurado, cuyos responsables no fueron identificados, sin que se aplicable las exclusiones de la póliza y la calificación del siniestro como sabotaje o tumulto popular. La exclusión por hurto o robo no aplica al no existir ánimo de lucro.

Cuando el asegurado no comunica el siniestro dentro del plazo establecido en la póliza, el cómputo de intereses moratorios se inicia desde la fecha de dicha comunicación del siniestro, salvo que exista una causa justificada que exima a la aseguradora, lo cual requiere una incertidumbre racional sobre la cobertura o existencia del siniestro, no bastando la mera judicialización o discrepancia en la interpretación de la póliza.

El conocimiento del siniestro y ausencia de incertidumbre racional sobre cobertura conduce a la obligación de pago con intereses desde el hecho generador o desde la comunicación tardía en caso de incumplimiento de plazo.

A) Introducción.

La mercantil Servicios Urbanos Amarillos S.L.U. aseguró un garaje de autobuses que incluía vehículos propios y sufrió el incendio por actos vandálicos de un autobús dentro del recinto asegurado, cuyos responsables no fueron identificados, mientras la aseguradora Patria Hispana S.A. rechazó la indemnización alegando exclusiones en la póliza y la calificación del siniestro como sabotaje o tumulto popular.

¿Debe la aseguradora Patria Hispana S.A. indemnizar a Servicios Urbanos Amarillos S.L.U. por el siniestro del autobús y desde qué fecha deben devengarse los intereses moratorios conforme al art. 20 de la Ley de Contrato de Seguro?.

El tribunal concluye que la aseguradora debe indemnizar a la asegurada y que los intereses moratorios deben computarse desde la fecha de declaración del siniestro, estableciendo una doctrina que restringe la justificación para el impago basada en la oposición judicial cuando no existe verdadera incertidumbre sobre la cobertura.

Se fundamenta en la interpretación restrictiva del art. 20.8 de la Ley de Contrato de Seguro, que impone una carga diligente al asegurador para el pago de indemnizaciones, y en la doctrina jurisprudencial que exige que la oposición a indemnizar sólo se considere justificada cuando exista una duda fundada y necesaria de resolver judicialmente sobre la existencia o cobertura del siniestro. 

B) Resumen de antecedentes relevantes.

1.- Son antecedentes fácticos relevantes para la resolución del recurso, no cuestionados por las partes o acreditados por la prueba practicada, los siguientes:

i) La mercantil Servicios Urbanos Amarillos S.L.U. suscribió, con efectos de 1 de enero de 2011 y duración anual prorrogable por iguales períodos, una póliza de seguro denominada «Pyme Automoción», n.º 507.643, con la compañía Patria Hispana S.A. de Seguros y Reaseguros (en adelante, Servicios Urbanos Amarillos y Patria Hispana, respectivamente), que tenía por objeto un «GARAJE DE AUTOBUSES URBANOS CON TALLER DE REPARACIÓN Y MANTENIMIENTO», sito en el «POL. IND. EL PORTAL - C/ MARRUECOS, S/N 11408 JEREZ DE LA FRONTERA».

ii) Entre las 21 horas del día 28 y las 06:30 horas del día 29 de septiembre de 2011, persona o personas desconocidas entraron en el garaje/cochera objeto de cobertura, en el que se aparcaban los vehículos propiedad de la empresa al término de cada jornada, y se llevaron el autobús marca Volvo, matrícula NUM000, de cuatro meses de antigüedad, cuya puesta en marcha no precisaba de llave de encendido ya que se arrancaba con tan solo apretar un botón, trasladándolo hasta el aparcamiento del cementerio de la localidad, donde le prendieron fuego. El autobús, con un valor a nuevo de 231.309,50 €, quedó calcinado y fue declarado siniestro total.

iii) Los mencionados hechos dieron lugar a la incoación por el Juzgado de Instrucción núm. 2 de Jerez de las diligencias previas 1792/2011, en las que, tras la práctica de las actuaciones que se consideraron pertinentes, se acordó el sobreseimiento provisional y archivo al desconocer la identidad del/os autor/autores.

iv) En fecha 1 de septiembre de 2013, la correduría de seguros que intervino en la contratación de la póliza cursó el parte del siniestro a la compañía Patria Hispana, que rehusó hacerse cargo mediante escrito de 19 de septiembre, en el que se indicaba:

«[...] les informamos que los hechos declarados están expresamente excluidos por la póliza, en base al Artículo 2.2 Riesgos Extensivos, apartado A) al tener consideración de tumulto popular y sabotaje.

»Así mismo (sic) les informamos que la póliza contratada cubre los daños a los vehículos que se encuentren en reposo en el interior del garaje y por tanto se excluyen los daños que sufran los mismos en el exterior del riesgo.

»Por ambas razones les informamos que no podemos tomar a cargo las consecuencias económicas de este caso.»

v) Al rechazarse el siniestro por parte de la aseguradora sobre la base de que los daños tenían la consideración de tumulto popular, Servicios Urbanos Amarillos formuló reclamación ante el Consorcio de Compensación de Seguros que, por resolución de 3 de enero de 2014, declinó hacerse cargo porque:

«Los daños producidos no han sido ocasionados por ninguno de los hechos extraordinarios que debe cubrir el Consorcio de Compensación de Seguros con arreglo al artículo 6.1, apartados b) y c), de su Estatuto Legal [...]: terrorismo, rebelión, sedición, motín, tumulto popular y hechos o actuaciones de las fuerzas armadas o de las fuerzas y cuerpos de seguridad en tiempo de paz».

vi) Ante la respuesta del organismo, el 8 de abril de 2014, Servicios Urbanos Amarillos volvió a reclamar a Patria Hispana el pago de la indemnización , insistiendo en que los hechos se encuadraban en el riesgo de actos vandálicos y malintencionados, cubierto por la póliza. A medio de escrito de 19 de septiembre de 2014, la aseguradora solicitó determinada documentación, en atención a la cual por escrito de 4 de octubre siguiente desestimó la petición porque:

«[...] En este caso, la sustracción del vehículo del recinto asegurado no puede considerarse un acto vandálico, puesto que exige una apropiación indebida del vehículo por parte de personas desconocidas que trasladan el vehículo desde el recinto asegurado hasta las inmediaciones del cementerio municipal.

»Sin embargo, de la documentación recabada hasta la fecha [...] no se puede concluir que exista fuerza en las cosas, ni para acceder al recinto asegurado, ni en el propio vehículo[...] Así pues, no estando probada hasta la fecha la existencia de fuerza en las cosas, la sustracción del vehículo no puede considerarse un robo, por tanto, la sustracción carece de cobertura por el citado art. 2.3 de las Condiciones Generales.

»Salvo en el caso de que se reciban nuevas pruebas que determinen lo contrario, la sustracción del vehículo debe considerarse un hurto, al haberse producido la sustracción o apoderamiento ilegítimo del vehículo sin mediar fuerza en las cosas.

»Para finalizar, recalcar que el art. 1.1 de las Condiciones Generales establece que la póliza cubre por la garantía de incendio [...], careciendo de cobertura por esta garantía los bienes desaparecidos que hayan sido robados o hurtados.»

vii) El 27 de octubre de 2014, Servicios Urbanos Amarillos presentó una reclamación formal ante la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, que incoó el expediente 7332/2014, concluido por resolución de 28 de agosto de 2017, que inadmitió la reclamación planteada al carecer de competencia para resolver la controversia, ante lo cual, por escrito de 27 de septiembre de 2017, la asegurada volvió a requerir a la aseguradora el pago de la indemnización .

2.- En el presente procedimiento, Servicios Urbanos Amarillos formula demanda frente a Patria Hispana, en la que ejercita una acción de responsabilidad contractual, al amparo de los arts. 1 y 3 de la Ley de Contrato de Seguro y del art. 2.1 del condicionado general de la póliza de seguro suscrita por las partes, en reclamación de 228.309,50 €, correspondiente al valor del autobús incendiado menos la franquicia pactada.

En síntesis, alega que (i) el riesgo asegurado en la póliza es un garaje de autobuses urbanos, que incluye como contenido, entre otros, «Existencia de Vehículos Propios», lo que comprende la posibilidad de que se produzca un concreto siniestro en dichos vehículos; (ii) en el caso de autos, personas desconocidas entran en el recinto asegurado y, en unidad de acto, se llevan un autobús con el único fin de prenderle fuego en otro lugar cercano, lo que así hacen; (iii) se trata de un acto vandálico que se inicia en la cochera con la toma del bus y termina junto al cementerio con el incendio, existiendo unidad de acto y propósito; y (iv) el riesgo de daños por actos vandálicos está expresamente cubierto en la póliza.

Por el contrario, no concurriría ninguna de las causas de exclusión alegadas por la aseguradora porque, respecto del tumulto o sabotaje, fue descartado por el Consorcio de Compensación de Seguros, y, respecto de la sustracción, no estamos ante un robo ni un hurto ni hurto de uso, porque ni hay ánimo de lucro ni tampoco de uso. En todo caso, estaríamos ante cláusulas limitativas, que se deben tener por no puestas. Finalmente, invoca el principio in dubio pro asegurado.

3.- La compañía aseguradora demandada Patria Hispana se opone a la demanda y solicita su desestimación.

La demandada mantiene que el siniestro queda fuera del riesgo asegurado en la póliza, puesto que, de conformidad con los arts. 1.1 y 2 del condicionado general, (i) la póliza protege al asegurado de los siniestros, incluidos los daños por actos de vandalismo, pero siempre que se produzcan en el interior del garaje, que es el riesgo asegurado; (ii) los daños causados al autobús no son un hecho aislado, sino que se enmarcan en los graves problemas laborales que estaba atravesando la empresa -cuyos trabajadores habían iniciado una huelga días antes-, con rotura de lunas y parabrisas e incluso el incendio de otro autobús, lo que se encuadraría en el concepto de sabotaje; y (iii) para el caso de considerar que estamos ante un supuesto de vandalismo, el mismo art. 2.1 recoge, como causa de exclusión, el robo y el hurto.

Subsidiariamente, la demandada impugna la valoración económica de los daños, y, con relación a los intereses del art. 20 LCS, aduce, por una parte, que la primera noticia que tuvo de los hechos fue el 1 de septiembre de 2013 y que, tras la resolución de la D.G de Seguros y Reaseguros, la demandante dejó transcurrir más de un año hasta que interpuso la demanda; y, por otra parte, la demandada ha actuado diligentemente, comunicando al asegurado las causas que le llevan a rechazar el siniestro y que no pueden ser tachadas de infundadas, por lo que concurre la causa justificada prevista en el art. 20.8 LCS.

4.- La sentencia de primera instancia desestima la demanda, con imposición de costas a la demandante.

Tras señalar que nos encontramos ante una controversia sobre la interpretación de cláusulas delimitadoras del riesgo, que no limitativas, la sentencia considera que la prueba practicada, en particular el atestado policial y las declaraciones que recoge, conduce a afirmar que los hechos están contextualizados en la situación de conflicto laboral entre la empresa y los trabajadores, que se encontraban de huelga, tratándose el autobús incendiado de uno de los vehículos destinados a realizar los servicios mínimos aprobados.

Sobre esta base, no obstante reconocer que no nos encontramos ante un supuesto de robo o hurto de vehículo, pues no existió ánimo de lucro, sino ánimo de dañar o animus damnandi por parte del que llevó a cabo la acción, así como que la acción se inició con la toma de posesión del vehículo dentro de las instalaciones y el daño se consumó a través del fuego en un lugar apartado con el fin de asegurar el resultado dañoso y evitar una posible identificación, la sentencia argumenta que tales hechos constituyen un acto que debe ser calificado como de sabotaje, ya que la finalidad última del autor fue la de causar un perjuicio al servicio de transporte prestado por la entidad actora, dentro de los servicios mínimos, en el marco de una huelga, como reacción violenta contra la empresa, por lo que se trata de un riesgo excluido de la póliza.

5.- La parte demandante presenta recurso de apelación contra la mencionada sentencia, que es acogido íntegramente por la Audiencia.

La Audiencia explica que la sentencia impugnada desconoce el RDLeg 7/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido del Estatuto Legal del Consorcio de Compensación de Seguros, en cuyo art. 6.1.b) se establece que el Consorcio, en materia de riesgos extraordinarios, indemnizará las pérdidas derivadas de acontecimientos extraordinarios acaecidos en España y que afecten a riesgos en ella situados, entendiéndose por acontecimientos extraordinarios, entre otros, «[l]os ocasionados violentamente como consecuencia de terrorismo, rebelión, sedición, motín y tumulto popular».

La cláusula contractual discutida -continúa la Audiencia- debe interpretarse en relación con el citado precepto, pues una aseguradora no va a responder en supuestos calificados de riesgos extraordinarios, como tumulto popular, sabotaje y terrorismo, cuando estos supuestos están cubiertos legalmente por el Consorcio., sin que en el caso de autos se haya acreditado, más allá de meras especulaciones, el carácter de riesgo extraordinario del siniestro, al haberse sobreseído las actuaciones penales por no conocerse los autores y, en consecuencia, «desconocerse las motivaciones, pues difícilmente se puede conocer las motivaciones de un acto sin saber cuál o cuáles fueron sus autores».

Con estas premisas, la Audiencia concluye que los hechos, objetivamente valorados, son claramente daños producidos por actos vandálicos o mal intencionados, por lo que procede a su valoración que, ponderando que el vehículo siniestrado no tenía ni seis meses y a la vista de los informes periciales obrantes en autos y las cláusulas de la garantía contratada, fija en la cantidad reclamada, es decir, el valor de nuevo menos la cantidad de 3.000 € que corresponde a la franquicia.

Por lo que se refiere a los intereses moratorios del art. 20 LCS, la Audiencia se limita a afirmar que «deben ser impuestos desde la fecha del siniestro, si bien aplicando el criterio del T.S. de la existencia de dos periodos de fijación del tipo de interés, hasta dos años, que será el interés legal más dos puntos y a partir de los dos años del siniestro del 20%, tipo mínimo aplicable».

6.- La aseguradora demandada Patria Hispana interpone recurso de casación, aunque lo denomina indistintamente de casación y por infracción procesal, que articula sobre un único motivo.

C) Normativa y doctrina jurisprudencial aplicables.

1.- Normativa aplicable.

El art. 18 de la Ley 50/1980, de 8 de octubre, de Contrato de Seguro, integrado en la Sección tercera del Título I, titulada «Obligaciones y deberes de las partes», establece en su párrafo primero, con carácter general, la obligación del asegurador de indemnizar el daño producido al asegurado y objeto de cobertura:

«El asegurador está obligado a satisfacer la indemnización al término de las investigaciones y peritaciones necesarias para establecer la existencia del siniestro y, en su caso, el importe de los daños que resulten del mismo. En cualquier supuesto, el asegurador deberá efectuar, dentro de los cuarenta días, a partir de la recepción de la declaración del siniestro, el pago del importe mínimo de lo que el asegurador pueda deber, según las circunstancias por él conocidas.»

Y el art. 20 del mismo cuerpo legal prevé las reglas a seguir para el supuesto de que el asegurador incurriere en mora en el cumplimiento de la obligación asumida en contrapartida al cobro de la prima, entre las cuales se incluye el pago de los intereses que se especifican:

«Si el asegurador incurriere en mora en el cumplimiento de la prestación, la indemnización de daños y perjuicios , no obstante entenderse válidas las cláusulas contractuales que sean más beneficiosas para el asegurado, se ajustará a las siguientes reglas:

[...]

»4.º La indemnización por mora se impondrá de oficio por el órgano judicial y consistirá en el pago de un interés anual igual al del interés legal del dinero vigente en el momento en que se devengue, incrementado en el 50 por 100; estos intereses se considerarán producidos por días, sin necesidad de reclamación judicial.»

»No obstante, transcurridos dos años desde la producción del siniestro, el interés anual no podrá ser inferior al 20 por 100.»

El citado art. 20 dedica los apartados 5.º, 6.º y 7.º a precisar la base inicial de cálculo de los intereses y el término inicial y final del cómputo de dichos intereses. En concreto, el apartado 6.º dispone:

«6.º Será término inicial del cómputo de dichos intereses la fecha del siniestro.

»No obstante, si por el tomador del seguro, el asegurado o el beneficiario no se ha cumplido el deber de comunicar el siniestro dentro del plazo fijado en la póliza o, subsidiariamente, en el de siete días de haberlo conocido, el término inicial del cómputo será el día de la comunicación del siniestro. [...]»

A continuación, en el apartado 8.º se contempla, como supuesto de excepción al pago de intereses, la existencia de causa justificada:

«8.º No habrá lugar a la indemnización por mora del asegurador cuando la falta de satisfacción de la indemnización o de pago del importe mínimo esté fundada en una causa justificada o que no le fuere imputable.»

2.- Doctrina jurisprudencial aplicable.

La expresión «causa justificada o que no le fuera imputable» ha sido objeto de exégesis en numerosas resoluciones de esta sala que han fijado una pacífica doctrina acerca de la procedencia, como regla de principio, del pago de intereses, la interpretación restrictiva de la excepción, o la asimilación de la justificación a la constatación de dudas fundadas sobre la existencia o la cobertura del siniestro u otros elementos esenciales para el nacimiento de la obligación de indemnizar, todo ello sin perjuicio de atender siempre a las particulares circunstancias del caso concreto. Por el contrario, hemos señalado en reiteradas ocasiones que la simple existencia de un proceso, como consecuencia de la necesidad de acudir a la vía judicial para el reconocimiento del derecho por parte del asegurado, no constituye ni puede identificarse por sí sola con la causa justificada del impago, como tampoco la simple discrepancia en la cuantía de la indemnización , pues nada impide al asegurador consignar o abonar la cantidad que proceda por los daños que considere efectivamente acreditados, aunque sea menor a la reclamada.

La sentencia del TS nº 73/2017, de 8 de febrero, con ocasión de analizar la aplicación del art. 20 LCS en un supuesto de reclamación a la aseguradora que cubría el riesgo de responsabilidad civil de un abogado, tras recordar la jurisprudencia recaída sobre esta cuestión, pone la causa de exención en relación con el empleo de la diligencia debida por parte del asegurador:

«1.- La jurisprudencia de esta Sala sobre la interpretación y aplicación de la regla del artículo 20. 8.º LCS quedó detalladamente expuesta, con exhaustiva relación de sus precedentes, en la Sentencia del TS nº 743/2012, de 4 de diciembre, que recoge la más reciente 206/2016, de 5 de abril.

»"Si bien de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 20.8º LCS, la existencia de causa justificada implica la inexistencia de retraso culpable o imputable al asegurador, y le exonera del recargo en qué consisten los intereses de demora, en la apreciación de esta causa de exoneración esta Sala ha mantenido una interpretación restrictiva en atención al carácter sancionador que cabe atribuir a la norma al efecto de impedir que se utilice el proceso como excusa para dificultar o retrasar el pago a los perjudicados (SSTS 17 de octubre de 2007; 18 de octubre de 2007; STS de 6 de noviembre de 2008; STS nº 7 de junio de 2010; 1 de octubre de 2010; STS nº 17 de diciembre de 2010; STS nº 11 de abril de 2011 y STS nº 7 de noviembre de 2011, entre las más recientes).

»"En atención a esta jurisprudencia, si el retraso viene determinado por la tramitación de un proceso, para que la oposición de la aseguradora se valore como justificada a efectos de no imponerle intereses ha de examinarse la fundamentación de la misma, partiendo de las apreciaciones realizadas por el tribunal de instancia, al cual corresponde la fijación de los hechos probados y de las circunstancias concurrentes de naturaleza fáctica necesarias para integrar los presupuesto de la norma aplicada.

»"Esta interpretación descarta que la mera existencia de un proceso, el mero hecho de acudir al mismo constituya causa que justifique por sí el retraso, o permita presumir la racionabilidad de la oposición. El proceso no es un óbice para imponer a la aseguradora los intereses a no ser que se aprecie una auténtica necesidad de acudir al litigio para resolver una situación de incertidumbre o duda racional en torno al nacimiento de la obligación misma de indemnizar (STS de 7 de junio de 2010; STS de 29 de septiembre de 2010; STS de 1 de octubre de 2010; STS de 26 de octubre de 2010; STS de 31 de enero de 2011; STS de 1 de febrero de 2011; y STS de 26 de marzo de 2012). En aplicación de esta doctrina, la Sala ha valorado como justificada la oposición de la aseguradora que aboca al perjudicado o asegurado a un proceso cuando la resolución judicial se torna en imprescindible para despejar las dudas existentes en torno a la realidad del siniestro o su cobertura, en cuanto hechos determinantes del nacimiento de la obligación, si bien la jurisprudencia más reciente es aún más restrictiva y niega que la discusión judicial en torno a la cobertura pueda esgrimirse como causa justificada del incumplimiento de la aseguradora cuando la discusión es consecuencia de una oscuridad de las cláusulas imputable a la propia aseguradora con su confusa redacción (STS de 7 de enero de 2010, RC n.º 1188/2005 y STS de 8 de abril de 2010, RC n.º 545/2006).

»"En todo caso y a pesar de la casuística al respecto, viene siendo criterio constante en la jurisprudencia no considerar causa justificada para no pagar el hecho de acudir al proceso para dilucidar la discrepancia suscitada por las partes en cuanto a la culpa, ya sea por negarla completamente o por disentir del grado de responsabilidad atribuido al demandado en supuestos de posible concurrencia causal de conductas culposas (STS de 12 de julio de 2010 y STS 17 de diciembre de 2010), del mismo modo que no merece tampoco para la doctrina la consideración de causa justificada la discrepancia en torno a la cuantía de la indemnización, cuando se ha visto favorecida por desatender la propia aseguradora su deber de emplear la mayor diligencia en la tasación del daño causado, a fin de facilitar que el asegurado obtenga una pronta reparación de lo que se considere debido (SSTS de 1 de julio de 2008; 1 de octubre de 2010; y STS de 26 de octubre de 2010), sin perjuicio, como ya se ha dicho, de que la aseguradora se defienda y de que, de prosperar su oposición, tenga derecho a la restitución de lo abonado. En relación con esta última argumentación, es preciso traer a colación la jurisprudencia que ha precisado que la iliquidez inicial de la indemnización que se reclama, cuantificada definitivamente por el órgano judicial en la resolución que pone fin al pleito, no implica valorar ese proceso como causa justificadora del retraso, ya que debe prescindirse del alcance que se venía dando a la regla in iliquidis non fit mora (tratándose de sumas ilíquidas, no se produce mora), y atender al canon del carácter razonable de la oposición (al que venimos constantemente haciendo referencia) para decidir la procedencia de condenar o no al pago de intereses y concreción del dies a quo (día inicial) del devengo, habida cuenta de que la deuda nace con el siniestro y el que la sentencia que la cuantifica definitivamente no tiene carácter constitutivo sino meramente declarativo de un derecho que ya existía y pertenecía al perjudicado (entre las más recientes, STS de 1 de octubre de 2010; STS de 31 de enero de 2011; STS de 1 de febrero de 2011, y STS de 7 de noviembre de 2011".

»En la misma línea cabe citar, entre las más recientes, las Sentencias 194/2015, de 30 de marzo, 581/2015, de 20 de octubre, y 641/2015, de 12 de noviembre.

[...]

»4.- No puede considerarse justificada la negativa al pago o consignación del asegurador que elude el deber de observar una actitud diligente a fin de lograr la rápida liquidación del siniestro (SSTS de 1 de julio de 2008 y STS de 7 de enero de 2010, entre otras), adoptando una conducta pasiva al margen de su deber de poner en marcha los mecanismos a su alcance para determinar económicamente el valor del daño y lograr la pronta satisfacción de la víctima, con omisión de la obligación de pagar o consignar en los tres primeros meses siguientes al siniestro al menos el importe mínimo de lo que fuera debido.

»5.- No existió, por tanto, «causa justificada» para exonerar a la aseguradora, al menos desde el día que tuvo conocimiento del siniestro, del recargo sancionador que constituyen los intereses moratorios del artículo 20 LCS. El propósito del artículo 20 LCS - sentencia 206/2016, de 5 de abril - es sancionar la falta de pago de la indemnización por el asegurador que, conocedor del siniestro, haya constatado, o habría podido constatar empleando la debida diligencia, que, en caso de litigio sobre la cuestión, la probabilidad de que los tribunales terminen apreciando culpa del asegurado es claramente más alta que la probabilidad de que acaezca lo contrario. Con carácter general, el propósito del artículo 20 LCS es sancionar la falta de pago de la indemnización , o de ofrecimiento de una indemnización adecuada, a partir del momento en que un ordenado asegurador, teniendo conocimiento del siniestro, la habría satisfecho u ofrecido. Siempre a salvo el derecho del asegurador de que se trate a cuestionar después o seguir cuestionando en juicio su obligación de pago y obtener, en su caso, la restitución de lo indebidamente satisfecho.»

3.- La sentencia del TS nº 269/2019, de 17 de mayo, con cita de la sentencia del TS nº 73/2017, de 8 de febrero, y cuya doctrina se reproduce en las sentencias del TS nº 461/2019, de 3 de septiembre, SYS nº 630/2019, de 21 de noviembre, y STS nº 681/2019, de 17 de diciembre, insiste:

«4.- La consideración conjunta de ambos preceptos [arts. 18 y 20 LCS] muestra que la Ley del Contrato de Seguro impone al asegurador una celeridad y diligencia extrema en la realización "de las investigaciones y peritaciones necesarias para establecer la existencia del siniestro y, en su caso, el importe de los daños que resulten del mismo", así como en el cumplimiento de su prestación. De este modo, si no anticipa en el plazo de cuarenta días desde la recepción de la notificación del siniestro el importe mínimo que "pueda deber" según las circunstancias por él conocido, y no cumple su prestación (generalmente, el pago de una indemnización ) en el plazo de tres meses desde la producción del siniestro, incurre en mora en los términos previstos en el art. 20 de la Ley del Contrato de Seguro, salvo que "la falta de satisfacción de la indemnización o de pago del importe mínimo esté fundada en una causa justificada o que no le fuere imputable" (art. 20.8.º de la Ley del Contrato de Seguro).

»5.- En el presente caso, la existencia del siniestro era conocida por Mapfre desde el momento en que el mismo se produjo, dada su repercusión pública, y los daños, al menos los daños personales consistentes en el fallecimiento de un número elevado de pasajeros también fueron conocidos inmediatamente, sin que la aseguradora cumpliera su obligación de indemnizar en el plazo fijado en el citado precepto legal.

»6.- La sentencia del TS nº 73/2017, de 8 de febrero, con cita de otras anteriores, resume la jurisprudencia sobre la interpretación y aplicación de la regla del artículo 20.8.º de la Ley del Contrato de Seguro.

»Como se recuerda en dicha sentencia, la jurisprudencia ha mantenido una interpretación restrictiva de las causas que excluyen el devengo del interés de demora del art. 20 de la Ley del Contrato de Seguro, en atención al carácter sancionador que cabe atribuir a la norma, para impedir que se utilice el proceso como excusa para dificultar o retrasar el pago a los perjudicados.

»La mera existencia de un proceso judicial no constituye causa que justifique por sí sola el retraso en la indemnización , o permita presumir la racionalidad de la oposición. El proceso no es un óbice para imponer a la aseguradora los intereses, a no ser que se aprecie una auténtica necesidad de acudir al litigio para resolver una situación de incertidumbre o duda racional en torno al nacimiento de la obligación misma de indemnizar.

»En lo que aquí interesa, la sentencia afirma que no se ha considerado causa justificativa que excluya el devengo del interés de demora acudir al proceso para dilucidar la discrepancia suscitada por las partes en cuanto a la culpa, ya sea por negarla completamente, ya sea por disentir del grado de responsabilidad atribuido al demandado en supuestos de posible concurrencia causal de conductas culposas. Asimismo, la iliquidez inicial de la indemnización que se reclama, cuantificada definitivamente por el órgano judicial en la resolución que pone fin al pleito, no implica valorar ese proceso como causa justificadora del retraso, ya que debe prescindirse del alcance que se venía dando a la regla in iliquidis non fit mora [tratándose de sumas ilíquidas, no se produce mora], y atender al canon del carácter razonable de la oposición para decidir la procedencia de condenar o no al pago de intereses y concreción del día inicial del devengo, habida cuenta que la deuda nace con el siniestro y que la sentencia que la cuantifica definitivamente no tiene carácter constitutivo sino meramente declarativo de un derecho que ya existía y pertenecía al perjudicado.

»7.- Otros argumentos expuestos en el desarrollo del motivo para impugnar el devengo del interés de demora parten de una base fáctica distinta a la fijada en la instancia, por lo que no pueden ser tomados en consideración.

»8.- Lo expuesto determina que la discrepancia de las partes sobre la cuantía de la indemnización , las dudas que inicialmente pudieran haber existido sobre las causas del siniestro, las propuestas de acuerdo o el ofrecimiento de pago de cantidades inferiores a las finalmente fijadas en sentencia, no pueden ser consideradas como circunstancias excepcionales que enerven el devengo de los intereses de demora del art. 20 de la Ley del Contrato de Seguro desde la fecha del siniestro hasta la consignación de la cantidad a cuyo pago fue condenada la demandada en primera instancia.»

4.- La sentencia del TS nº 503/2020, de 5 de octubre, pone el acento en la existencia de una situación de incertidumbre o duda racional en torno al nacimiento de la obligación de indemnizar que haga necesario acudir a la vía judicial, escenario que descarta en el concreto supuesto enjuiciado:

«En efecto, es reiterada jurisprudencia de la sala la que viene proclamando sin fisuras que dichos intereses ostentan un carácter marcadamente sancionador, imponiéndose una interpretación restrictiva de las causas justificadas de exoneración del deber de indemnizar al efecto de impedir que se utilice el proceso como excusa para dificultar o retrasar el pago a los perjudicados (sentencias del TS nº 743/2012, de 4 de diciembre; STS nº 206/2016, de 5 de abril; STS nº 514/2016, de 21 de julio; STS nº  456/2016, de 5 de julio; STS nº 36/2017, de 20 de enero; STS nº 73/2017, de 8 de febrero; STS nº 26/2018, de 18 de enero; STS nº 56/2019, de 25 de enero; STS nº 556/2019, de 22 de octubre y STS nº 419/2020, de 13 de julio).

»En congruencia con ello, se ha proclamado que sólo concurre la causa justificada del art. 20.8 de la LCS, en los específicos supuestos en que se hace necesario acudir al proceso para resolver una situación de incertidumbre o duda racional en torno al nacimiento de la obligación de indemnizar; esto es, cuando la resolución judicial deviene imprescindible para despejar las dudas existentes en torno a la realidad del siniestro o su cobertura (Sentencias del TS nº 252/2018, de 10 de octubre; STS nº 56/2019, de 25 de enero, STS nº 556/2019, de 22 de octubre; STS nº 570/2019, de 4 de noviembre, STS nº 47/2020, de 22 de enero y  STS nº 419/2020, de 13 de julio, entre otras muchas).

»Ahora bien, como es natural, la mera circunstancia de judicializarse la reclamación, ante la negativa de la aseguradora de hacerse cargo del siniestro, no puede dejar sin efecto la aplicación del art. 20 de la LCS, pues en tal caso su juego normativo quedaría desvirtuado y su aplicación subordinada a la oposición de las compañías de seguro. Es decir, la judicialización, excluyente de la mora, habrá de hallarse fundada en razones convincentes que avalen la reticencia de la compañía a liquidar puntualmente el siniestro; dado que no ha de ofrecer duda que acudir al proceso no permite presumir la racionalidad de la oposición a indemnizar, puesto que no se da un enlace preciso y directo, conforme a las directrices de la lógica, entre ambos comportamientos con trascendencia jurídica.

»En definitiva, como señala la STS nº 317/2018, de 30 de mayo, citada por la más reciente STS nº 419/2020, de 13 de julio: "[...] solamente cuando la intervención judicial sea necesaria para fijar el derecho a la indemnización y razonable la oposición de la compañía, ante la situación de incertidumbre concurrente, podrá nacer la causa justificada a la que se refiere el art. 20.8 LCS". De esta manera, se expresan igualmente las recientes sentencias del TS nº 56/2019, de 25 de enero; STS nº 556/2019, de 22 de octubre y STS nº 116/2020, de 19 de febrero.

»Pues bien, en este caso, conocido el error de diagnóstico sufrido en el curso del proceso de asistencia médica prestada a la demandada, mediante pruebas concluyentes de laboratorio, con el grave resultado producido, la entidad demandada debió hacerse cargo de la reclamación efectuada y no adoptar una posición procesal de oposición a la demanda que, en las circunstancias expuestas, devenía injustificable; máxime, al ser cuestión pacífica, como antes se indicó, con la oportuna cita jurisprudencial, la responsabilidad civil que asumen las entidades prestadoras de los seguros de asistencia médica en casos como el enjuiciado en el litigio.

»En el contexto señalado la judicialización no estaba razonablemente justificada para despejar las dudas existentes en torno a la realidad del siniestro o su cobertura, sin que la falta de liquidez de la deuda conforme una causa de tal clase según resulta de un conocido y reiterado criterio jurisprudencial (sentencias del TS nº 317/2018, de 30 de mayo y STS nº 47/2020, de 22 de enero).»

5.- Más recientemente, la sentencia del TS nº 68/2026, de 26 de enero, citada por la sentencia del TS nº 481/2026, de 26 de marzo, vuelve a recordar la doctrina jurisprudencial sobre el art. 20.8 LCS:

«La sentencia del TS nº 1435/2025, de 14 de octubre, con cita de las sentencias del TS nº 888/2021, de 21 de diciembre, STS nº 793/2021, de 22 de noviembre, STS nº 588/2021, de 6 de septiembre, 110/2021, de 2 de marzo, y STS nº 37/2021, de 1 de febrero, sintetiza la jurisprudencia sobre los intereses del art. 20 LCS y la causa justificada para no imponerlos.

»Según esta doctrina: (i) los intereses del art. 20 LCS ostentan un carácter marcadamente sancionador, por lo que se impone una interpretación restrictiva de las causas justificadas de exoneración del deber de indemnizar; (ii) en consecuencia, ni el proceso se puede convertir en una excusa para retrasar la indemnización debida por las aseguradoras a los perjudicados ni su tramitación o el hecho de defenderse en él constituyen, por sí solos, causas que justifiquen el retraso en el cumplimiento de la obligación de indemnizar, ya que no es forzoso presumir la racionalidad de la oposición de la aseguradora, cuyo fundamento ha de examinarse partiendo de los hechos declarados probados por el tribunal de apelación y teniendo en cuenta que solo concurre la causa justificada del art. 20.8 LCS en los específicos supuestos en que se hace necesario acudir al proceso para resolver una situación de incertidumbre o duda racional, en torno al nacimiento de la obligación de indemnizar; y (iii) esta incertidumbre concurre cuando las dudas afectan a la realidad misma del siniestro, y también, cuando por circunstancias que concurren en este o por el texto de la póliza, la duda racional alcanza a la cobertura a cargo de la aseguradora, si bien la jurisprudencia niega que la discusión judicial en torno a la cobertura pueda esgrimirse como causa justificada del incumplimiento de la aseguradora cuando la discusión es consecuencia de una oscuridad de las cláusulas imputable a la propia aseguradora con su confusa redacción (p.ej. sentencia del TS nº 73/2017, de 8 de febrero, citada por las sentencias del TS nº 235/2021, de 29 de abril, 556/2019, de 22 de octubre, y STS nº 252/2018, de 10 de octubre, y sentencia del TS nº 743/2012, de 4 de diciembre, con cita de las sentencias del TS «de 7 de enero de 2010, RC n.º 1188/2005 y de 8 de abril de 2010, RC n.º 545/2006»).

Por tanto, no concurre causa justificada que ampare la pasividad de la aseguradora en la liquidación del siniestro cuando no se cuestiona su realidad ni su cobertura, ni cuando únicamente se discrepa de la cuantía de la indemnización.»

6.- Por lo que se refiere a la fecha inicial del devengo de intereses, la sentencia del TS nº 234/2021, de 29 de abril, declara:

«Según el art. 20.6.º LCS: "[...] será término inicial del cómputo de dichos intereses la fecha del siniestro".

»No obstante, este tribunal ha declarado, entre otras, en las sentencias del TS nº 522/2018, de 24 de septiembre, STS nº 556/2019, de 22 de octubre y STS nº 503/2020, de 5 de octubre, que esa regla general tiene dos excepciones: la primera, referida al tomador del seguro, al asegurado o al beneficiario, implica que si no han cumplido el deber de comunicar el siniestro dentro del plazo fijado en la póliza o en la ley el término inicial del cómputo será el de la comunicación ( artículo 20.6.ª II LCS) y no la fecha del siniestro; y la segunda, referida al tercero perjudicado o sus herederos, determina que excepcionalmente será término inicial la fecha de dicha reclamación o la del ejercicio de la acción directa ( artículo 20.6.ª III LCS) cuando el asegurador pruebe que no tuvo conocimiento del siniestro con anterioridad a la reclamación o al ejercicio de la acción por el perjudicado o sus herederos.

»En este sentido, la STS nº 556/2019, consideró que "[...] no se advierten razones para no estar a la regla general que sitúa el día inicial del devengo en la fecha del siniestro (STS de 15 de julio de 2009), pues la aseguradora fue conocedora del mismo casi al tiempo de producirse, ya que autorizó el traslado del recién nacido a un hospital público tras el parte de siniestro elaborado por la clínica y los profesionales de su cuadro.

»Por el contrario, en el caso de la STS nº 522/2018, se computaron desde "[...] la reclamación del perjudicado, 21 de diciembre de 2012, fecha de presentación de la demanda, que da origen al procedimiento que nos ocupa, y en el que la aseguradora, conocedora del siniestro y de su cobertura por la póliza, no llevó a cabo pago ni consignación de cantidad alguna.

»La STS del Pleno 64/2018, de 6 de febrero, igualmente fijó el dies a quo a partir de "[...] la formulación de la demanda el 28 de octubre de 2011, plazo este que tiene en cuenta la sentencia de instancia para denegar la prescripción de la acción, como así es, en efecto, por lo que la causa justificada cubre únicamente hasta el momento en que la aseguradora tuvo conocimiento de los hechos con la demanda, a partir del cual, y hasta el completo pago de la indemnización , deberán hacerse efectivos, en aplicación de la regla 6 del artículo 20 de la LCS.

»En el supuesto enjuiciado en la sentencia del TS nº 503/2020, de 5 de octubre, la aseguradora no conoció el error médico a la fecha del siniestro, puesto que éste se manifestó años después, en que, tras la evolución del cuadro clínico de su asegurada, se constató el error en el análisis de sus muestras biológicas. Tampoco las diligencias preliminares promovidas se dirigieron contra ella. Por todo lo cual, los intereses de demora se fijaron desde la fecha de la interposición de la demanda que es el momento en que consta que la compañía de seguros conoció el siniestro con sus circunstancias, careciendo de justificación su oposición en el proceso.»

D) Decisión de la sala. Estimación parcial del motivo.

1.- La aplicación de la jurisprudencia expuesta al caso que nos ocupa determina que el recurso deba ser estimado en parte por las siguientes razones:

i) No se discute que, pese a que el siniestro se produjo en la madrugada del día 29 de septiembre de 2011, la asegurada Servicios Urbanos Amarillos no declaró el siniestro a la compañía aseguradora, a través de la correduría de seguros interviniente, hasta el 1 de septiembre de 2013, es decir, casi dos años después.

ii) La aseguradora rehusó hacerse cargo del siniestro alegando que se trataba de un riesgo excluido al tener la consideración de tumulto popular y sabotaje, y haberse producido fuera del edificio asegurado, ante lo cual, fiada en dicha calificación del acto dañoso como sabotaje, la asegurada planteó la reclamación ante el Consorcio, que rechazó la reclamación al considerar que los hechos no tenían encaje en ninguno de los supuestos que, como riesgos extraordinarios, determinan su responsabilidad de acuerdo con el art. 6.1.b) y c) de su Estatuto.

iii) Rechazada la reclamación, la perjudicada volvió a dirigirse el 8 de abril de 2014 a la aseguradora, reiterando la inclusión del siniestro en el riesgo cubierto de actos vandálicos y malintencionados. La compañía recabó documentación y el 4 de octubre de 2014 confirmó la negativa, en esta ocasión por entender que la sustracción del vehículo debía considerarse un hurto, lo que ratificó el 21 de octubre, tras recibir copia de las diligencias penales, insistiendo en su posición en el expediente abierto por la Dirección General de Seguros, que declinó su competencia por resolución de 29 de agosto de 2017.

iv) El procedimiento penal fue sobreseído provisionalmente al desconocerse la identidad del/os responsable/s de los hechos delictivos.

En otras palabras, aunque es cierto que la propietaria del vehículo no cumplió su deber de comunicar el siniestro dentro del plazo fijado en la póliza o, subsidiariamente, en el de siete días de haberlo conocido -lo que implica que nos hallemos en el supuesto contemplado en el párrafo 2.º del apartado 6.º del art. 20 LCS-, no lo es menos que, por una parte, la aseguradora ha ido cambiando el motivo de rechazo en función de las circunstancias -conducta expresiva de las propias dudas sobre su respectivo fundamento-, y, por otra parte, en cualquier caso, las cláusulas en las que basa la exclusión de la cobertura carecen de consistencia a los efectos que nos ocupan porque (i) la relativa al sabotaje, de acuerdo con el razonamiento de la Audiencia, que no ha sido cuestionado por la recurrente, se limitaba a reproducir los riesgos extraordinarios que legalmente corresponde asumir al Consorcio; y (ii) como explica el Juzgado, no nos encontramos ante un supuesto de robo o hurto de vehículo, pues no existió ánimo de lucro, sino ánimo de dañar, y la acción se inició dentro del recinto asegurado.

En definitiva, ni la producción del siniestro, ni su cobertura por la aseguradora, eran susceptibles de generar incertidumbre alguna a la vista de los elementos que tenía a su disposición, de forma que la intervención judicial no resultaba imprescindible para aclarar tales extremos. Obsérvese que, comunicado el siniestro el 1 de septiembre de 2013, demoró la petición de documentación hasta el 19 de septiembre de 2014; documentación cuyo contenido, en especial el auto de sobreseimiento hubiera debido provocar la asunción del siniestro. Por tanto, la oposición judicial carece de justificación objetiva y no exime al asegurador del pago de intereses.

La compañía aseguradora disponía de elementos suficientes para establecer un juicio prospectivo de viabilidad o prosperabilidad de la acción ejercitada, pudiendo en consecuencia efectuar el abono de la correspondiente indemnización, aunque fuera en la cuantía que consideraba efectivamente acreditada, lo que excluye la causa justificada para no efectuar el pago.

Cuestión distinta es que, como se ha dicho antes y por razones que se desconocen, la demandante no comunicó el siniestro -según se admite en la demanda- hasta dos años después de que tuviera lugar, lo que, en aplicación del art. 20.6 párrafo 2.º LCS, conduce a fijar el dies a quo del devengo de intereses en el 1 de septiembre de 2013.

2.- Consecuencias de la estimación parcial del motivo.

La estimación parcial del recurso determina que se tome como día inicial del cómputo de los intereses del art. 20 LCS la fecha en que se declaró el siniestro, es decir, el 1 de septiembre de 2013, lo que a su vez comporta la estimación parcial del recurso de apelación y la estimación parcial de la demanda.

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